Libros que ya nos contaron la pandemia

Cristina Fernández

A lo largo de la historia muchos escritores nos han regalado relatos y reflexiones sobre todo tipo de epidemias. A continuación, os ofrecemos una selección de novelas que además de ocuparse de este tema, destacan por su calidad literaria:

El Decamerón, de Boccaccio, es un libro de cuentos escrito entre 1348 y 1353, que ha trascendido por su espíritu humanista y la novedosa exaltación de la dimensión terrenal de la vida. En su época, se convirtió en un superventas y su naturaleza libidinosa y anticlerical lo llevó a estar en la lista de los libros prohibidos por la Inquisición. El relato se inicia con la descripción desgarradora de las brutales consecuencias de la peste que asoló Florencia en el siglo XIV. Después la historia se centra en diez jóvenes, siete mujeres y tres hombres, que se refugian en la bucólica villa Palmieri, a las afueras de Florencia, y que deciden pasar su tiempo narrando cuentos. Éstos son un canto a la vida y a la libertad y están llenos de cinismo, irreverencia e ingenio, siendo el placer el valor que justifica cualquier conducta o engaño.

Diario del año de la peste, de Daniel Defoe (1772),es la crónica de las vivencias de un hombre durante la epidemia de peste que azotó Londres entre 1664 y 1666. Los sucesos y la evolución de la plaga, con sus consecuencias se describen detalladamente. Se identifican barrios, calles y edificios de Londres y se introducen tablas ficticias de cifras y recuentos que dan gran verosimilitud al relato. Con habilidad periodística, se cuentan anécdotas emocionantes, moralizantes e incluso humorísticas y se opina sobre las medidas adoptadas por los gobernantes. Defoe deja constancia de las miserias, y las pocas virtudes, que una epidemia conlleva.

El último hombre (1826),de Mary Shelley, la autora de Frankenstein, es una novela precursora de la literatura apocalíptica de ciencia ficción. Una peste originaria de Asia avanza hacia occidente y golpea a la humanidad hasta llevarla al borde de la extinción. La sociedad se desintegra, las ciudades se quedan desiertas y los desplazamientos de personas provocan invasiones y guerras. El protagonista, Adrian, conde de Windsor, se convierte en un líder que dirige a sus seguidores en busca de un paraíso terrenal. La narración termina con un solo hombre en la tierra, testigo del final de una civilización y una especie.

La Peste Escarlata (1912),de Jack London, es un clásico sobre la fragilidad de la civilización que plasma toda la desesperanza de su época y anticipa el crecimiento de un capitalismo atroz. La acción se desarrolla en 2072, después de que una implacable epidemia condene a la especie humana a un nuevo primitivismo salvaje y violento. Un viejo profesor de universidad, superviviente de la pandemia, luchará por recuperar e inculcar los valores perdidos a sus nietos, en un tortuoso camino hacia el conocimiento.

Muerte en Venecia (1912) es una breve novela de Thomas Mann de gran intensidad emocional y complejidad simbólica. Su protagonista, Gustav von  Aschenbach, es  un prestigioso escritor alemán que llega a Venecia buscando la inspiración perdida y se enamora del joven Tadzio. La lucha interior por no sucumbir a la pasión prohibida se mimetiza con un entorno decadente y asfixiante, que anticipa la epidemia de cólera que está llegando a Venecia y que las autoridades ocultan.

La peste es una obra de gran trascendencia en el pensamiento del siglo XX, que escribió el premio Nobel Albert Camus en 1947, después del infierno de la Segunda Guerra Mundial. Camus apuesta por la esperanza en el hombre y en la solidaridad como vías para la salvación. La novela se desarrolla en la ciudad de Orán y relata a través de su protagonista, el doctor Bernard  Rieux, la propagación de una epidemia de peste bubónica, que obliga a imponer un estricto aislamiento. La limitación de la libertad de movimiento, inevitable para vencer a la enfermedad, lleva a la sociedad a una crisis existencial y moral. Aunque la irracionalidad y el absurdo se contagian con aun más rapidez que la epidemia, también surge lo mejor de la especie humana.

El amor en los tiempos del cólera (1985),de Gabriel García Márquez, narra la apasionante historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, que se prolonga durante más de cincuenta años. Con esta novela García Márquez rinde homenaje a los folletines amorosos del siglo XIX y a sus padres, en cuya relación amorosa se inspira el libro. El cólera es una amenaza constante que condiciona la acción de los personajes: Fermina se traslada de un pueblecito portuario del Caribe a la ciudad, huyendo del cólera y del joven Florentino, Juvenal Urbino, médico y más adelante esposo de Fermina, lucha por erradicar la enfermedad, mientras que Florentino, sufre durante años un amor delirante y enfermizo por Fermina.

Ensayo sobre la ceguera (1995),de José Saramago, es una crítica a la sociedad occidental. El premio Nobel portugués definió este libro como “la novela que plasmaba, criticaba y desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada”. En la novela varios personajes anónimos, vinculados a la heroica mujer de un médico, muestran los límites de la conciencia humana al enfrentarse a una pandemia que consiste en la pérdida de la visión. Los afectados, aislados en cuarentena o vagando por la ciudad, buscarán sobrevivir a cualquier precio. Saramago alerta sobre “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”, siendo la ceguera un símbolo de la perdida de la moral social y la deshumanización.

Imagen de cabecera: John Noonan

Las lealtades, Delphine de Vigan

Cristina Fernández

De nuevo la escritora francesa Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) nos ofrece una novela en la que vuelve a desnudar la intimidad familiar, donde se esconden grandes secretos, y a mecernos entre la ternura y la dureza. Las lealtades es un relato corto sobre la adolescencia y los vínculos afectivos que determinan los comportamientos humanos y en ocasiones llevan a caminos sin retorno.

Delphine de Vigan es una escritora de referencia en la literatura contemporánea europea. Su primera novela, Días sin hambre, publicada en 2001 bajo el pseudónimo de Lou Delvig, escondía su propia pesadilla con la anorexia. Con Nada se opone a la noche (2011) le llegó el reconocimiento internacional y obtuvo prestigiosos premios literarios, incluyendo el Renaudot de los Institutos de Francia. En el libro reconstruía su vida desde la infancia hasta la edad adulta, narrando el suicidio de su madre en un sobrio ejercicio de catarsis personal.


Después del conflicto que le supuso desvelar la historia de su familia, optó por no destapar más intimidades, pero continuó jugando con la ambigüedad de basarse en su propia realidad o en la ficción. Su siguiente novela, Basada en hechos reales (2015) obtuvo el premio Goncourt de los Estudiantes y fue llevada al cine por Roman Polanski. La autora se acercaba a la experiencia de una escritora de nombre Delphine bloqueada tras el éxito de su anterior libro, entre otros detalles que coinciden con la biografía de la propia escritora.


En Las lealtades abundan los elementos literarios propios del universo de Delphine de Vigan y nos recuerda mucho a No y yo (2007), otra de sus obras, en la que una adolescente que convive con su madre, sumida en una depresión, lleva al límite su amistad con un chico marginal. La historia que se cuenta en Las lealtades se articula en torno a varios personajes inmersos en una sociedad deshumanizada que no da tregua ni consuelo.
La escritora bucea en la mente y los sentimientos de los personajes perfilando unos caracteres de gran verosimilitud. La narración es rigurosa y estremecedora y desde el principio sumerge al lector en un relato convincente de gran intensidad emocional. La ternura, el amor, la vitalidad, la esperanza y la confianza en que la condición humana prevalece, son el contrapunto a una persistente atmósfera desasosegante.


De Vigan se define como una autora de ficción que fluctúa entre el periodismo y la literatura, al modo de Truman Capote, o de la Marguerite Duras de El dolor. La escritora remata que se siente más cercana al estilo de Emmanuel Carrère porque “lo que escribo no es la verdad: es mi verdad, mi mirada sobre ella y quiero tener la libertad de aproximarme a los personajes”

Las lealtades, “fidelidades silenciosas…contratos pactados las más de las veces con nosotros mismos, consignas aceptadas sin haberlas oído, deudas que albergamos en los entresijos de nuestras memorias”, son el hilo conductor de esta crónica a cuatro voces. Théo, su amigo Mathis, una profesora y una madre, están atrapados en las redes de la fidelidad a sí mismos, a sus padres, a sus amigos, a sus parejas y a su propia realidad social. La angustia y el deseo de unos personajes heridos, por intentar escapar de una sociedad que les aliena, van trazando una historia que golpea al lector página tras página. Para sobrevivir los personajes elaboran su propia ficción, interpretando los roles que se esperan de ellos, de la misma manera que nos mostramos al mundo a través de las redes sociales en una realidad virtual. Mantener la apariencia e incluso el engaño, se convierten en acciones cotidianas, pero hay situaciones insostenibles que llevan a la destrucción, y la lucha por sobrevivir transciende por encima de todo.


El relato se inicia con un ritmo trepidante que atrapa y no cesa hasta llegar al desenlace. El protagonista, Theo, un niño de doce años, se refugia en el alcohol como vía de escape de una rutina caótica, de la soledad, del odio que se profesan sus padres divorciados, del amor incondicional hacia su padre, destruido por la bebida y el desempleo, y de un entorno escolar que le interroga y asfixia.
“Un día le gustaría perder la conciencia, del todo. Hundirse en el tejido espeso de la embriaguez, dejarse cubrir, sepultar, durante unas horas o para siempre, sabe que eso pasa”
Tanto Cécile, la madre de Mathis, que simboliza la lealtad conyugal y social, como Hélène, la profesora que se ha prometido no traicionarse a sí misma, tendrán que enfrentarse a una realidad que les sobrecoge. Sus reacciones se verán condicionadas por el conflicto de romper complejos códigos sociales y fuertes lazos afectivos.


La escritora es capaz de meterse en las mentes de los adolescentes de manera brillante y saca a la luz un mundo de gran hostilidad para las relaciones humanas.


“Vuelve a ser ese niño que detesta, que pulsa el botón del ascensor muerto de miedo. El miedo emerge de un sueño aletargado cuyo sabor ambarino ha desaparecido, se difunde por todo su cuerpo y acelera su ritmo cardiaco”.

La fragilidad de la infancia y la adolescencia quedan patentes, y se pone en evidencia a una sociedad que no se atreve a cruzar la barrera de la intimidad, por la comodidad de no implicarse o por el impulso de normalizar cualquier signo de sufrimiento o maltrato.

“Se que los hijos protegen a los padres y qué pacto de silencio los conduce a veces a la muerte. Ahora sé algo que los demás ignoran. Y no debo cerrar los ojos”

Delphine de Vigan busca la reflexión sobre la adolescencia, una etapa decisiva del ser humano que compara indefinidamente con la suya, frustrada vitalmente, pero probablemente definitiva para que se convirtiera en escritora.

Delphine de Vigan. Las lealtades. Barcelona: Anagrama, 2019.

Imagen de cabecera: Kristina Tripkovic

Lectura fácil

Sonia Trol

Imagínense la historia de cuatro mujeres jóvenes que comparten piso en una ciudad como Barcelona. Ahora añadan que esas cuatro mujeres tienen distintos grados de diversidad funcional y que el piso donde residen está tutelado por la administración. Por último, incluyan el contexto actual de una Barcelona y, en correlación, una Cataluña marcadas por lo que se denomina “nueva política” y por el independentismo. Con estos ingredientes sorprendentes, Cristina Morales construye una novela donde no deja títere con cabeza.

Lectura fácil es una novela coral donde sus protagonistas rompen con todo tipo de normas sociales: son desobedientes, insumisas y nada dóciles. Su lectura es un reto para el lector que no se espera en ningún momento una crítica social tan ácida y rotunda.

Las protagonistas de este libro son Nati, Marga, Àngels y Patricia. Nati es bailarina y cuando tuvo el accidente que le provocó su discapacidad estaba estudiando en la Universidad. Sufre lo que ella denomina el “síndrome de las compuertas”, que podríamos describir como una especie de reacción fisiológica a alguna situación, suceso o conversación que no le encaja o no le gusta. En ese momento, comienzan a abrírsele las compuertas de la cabeza y no puede controlar su filosófica verborrea descriptiva de los comportamientos burgueses a los que identifica con el fascismo.

Nati es la creadora del fanzine que aparece en la novela, todo un alegato de incorrección política. Marga es la prima de Nati, tiene 37 años y una discapacidad intelectual del 66%. Sufre ataxia y tiene una sexualidad muy activa que roza la erotomanía; éste es el motivo de que su tutora, la Generalitat de Cataluña, pretenda esterilizarla de forma legal y a la fuerza.

Àngels posee el menor grado de discapacidad de las cuatro. Escribe una novela autobiográfica mediante WhatsApp y utiliza el método de Lectura fácil, un método pedagógico para enseñar a escribir a personas con dificultades de comprensión. Por último, Patricia es el personaje disciplinado de la novela. Ella es quien se encarga de mantener el orden en el piso tutelado donde viven y de seguir las normas que los servicios sociales les imponen.

Estos personajes cuestionan satíricamente todo el universo que les rodea: el sistema asistencial que les subsidia, el ejército de trabajadores sociales “cuperos” con los que tratan, los ateneos anarquistas a cuyas reuniones acuden y todo lo denominado “políticamente correcto”.

Lectura fácil es la tercera novela de Cristina Morales. Premio Herralde de Novela en 2018, es un libro difícil de clasificar y que sin duda hará que sus lectores se cuestionen muchos de sus comportamientos y convicciones.

Cristina Morales. Lectura fácil. Barcelona: Anagrama: 2018.

Encuentra esta novela en las bibliotecas de la UNED.

Imagen de cabecera: Unsplash

El juego de la ciencia, Carlo Frabetti

Cristina Fernández

En estos momentos en que la realidad parece extraída de una novela de ficción distópica y la ciencia y los avances en medicina se han convertido en la gran esperanza de la sociedad occidental, El juego de la ciencia, de Carlo Frabetti, se presenta como una lectura estimulante y valiosa.
Carlo Frabetti (Bolonia, 1945) es un polifacético escritor y matemático italiano que habitualmente escribe en español, cultivando fundamentalmente la divulgación científica y la literatura infantil, aunque también ha escrito relatos y ensayos. Es miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, presidente de la Asociación Contra la Tortura y fue guionista del emblemático programa de televisión La bola de cristal.
Este libro es una recopilación de artículos de la sección El juego de la ciencia, publicados por el autor en el diario Público durante unos años (después se mudaría a El país), junto con una selección de los comentarios aportados por los lectores. Los textos son breves e ingeniosos y plantean cuestiones científicas que estimulan a reflexionar sobre la aventura del conocimiento y la ciencia. La fórmula de plantear temas, en ocasiones polémicos, sobre ciencia dio lugar a debates que se materializan en este libro colaborativo y dinámico.


Como el propio autor reconoce, en ocasiones los textos son demasiado breves y se obvia el conocimiento de ciertas cuestiones científicas no tan evidentes. Frabetti nos invita a participar en el juego de la ciencia: haciéndonos preguntas, investigando lo que no sabemos o no entendemos y buscando respuestas de forma razonada.


Preguntas simples como: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? llevan a dividir a los humanos entre creacionistas y evolucionistas y a afirmar que “Algo tan grave como el cuestionamiento oficial del Darwinismo no puede ser una mera torpeza. Es algo mucho peor: es una deliberada apuesta por el irracionalismo”.


La artificiosa separación entre las ciencias y las letras y la incapacidad para entender el lenguaje matemático, debido a un sistema educativo en el que no se fomenta el pensamiento abstracto, se señalan como grandes defectos de la cultura actual. La ciencia es un juego apasionante, sin reglas definitivas, en el que hay que descubrir sus técnicas básicas: hacerse preguntas e intentar encontrar todas las respuestas.


“El método científico por excelencia, tal como lo formularon Bacon, Galileo o Raimundo Lulio, es el proceso observación-teoría-comprobación-ajuste, y la cuantificación es su lenguaje operativo. Esta es la forma en que “piensa la ciencia” y es la más eficaz manera de pensar-actuar que hemos descubierto hasta ahora”.


Pero las soluciones nunca son absolutas ni definitivas ya que estas nos llevan a plantearnos nuevos problemas. Los grandes descubrimientos suelen ser largos procesos fruto del trabajo de grupos de investigación diacrónicos.
La controversia sobre el descubrimiento del ácido desoxirribonucleico (ADN) atribuido a Watson, Crick y Wilkins, pero solo posible por la labor de la química Rosalind Franklin, autora de la Fotografía 51 (la prueba experimental de la estructura helicoidal del ADN) llevó a Frabetti a calificar a Watson como “El rey de los impostores entre los científicos vivos”.

“Si Galileo hubiera negado que se había basado en un artefacto previo para construir su telescopio, habría cometido una impostura, y no por ello dejaría de ser, por méritos propios, el padre de la ciencia moderna”.


Frabetti plantea la paradoja de que las ciencias en general y, las matemáticas en particular, tienen un gran “valor de cambio” y sin embargo muy poca gente conoce y reconoce su “valor de uso”. No se trata de una falta de reconocimiento a la labor científica sino de que casi nadie, incluyendo a las instituciones que invierten en ciencia, piense en las matemáticas o la física al hablar de cultura.

Frabetti, Carlo. El Juego De La Ciencia. Madrid: Lengua De Trapo, 2009. Desórdenes: Biblioteca De Ensayo; 33.