Cómo ser mujer. Caitlin Moran

Durante años, las mujeres hemos vivido de acuerdo al papel que nos asignaba el sistema, la sociedad, y hasta nosotras mismas, casi sin cuestionárnoslo. Aunque lo ganado en la conquista de libertades no deja lugar a dudas, perviven muchos tabúes y lugares comunes al respecto de cómo se ha de ser mujer, cómo han de hacernos sentir algunos hitos vitales como la maternidad, y cómo hemos asumido patrones estéticos sacrificados que el género masculino ni siquiera se plantea (inteligentemente).


La escritora y periodista británica Caitlin Moran habla en este libro, publicado en 2011 y convertido en todo un bestseller, de lo que implica hoy en día ser mujer: desde lo –aparentemente- más banal como la depilación integral, llevar tacones o bragas diminutas que no cumplen siquiera con su función primordial, hasta la maternidad entendida como modo de realización personal, el feminismo y el aborto.


Cómo ser mujer es un libro tremendamente divertido, desvergonzado y punki, que mete el dedo en la llaga, reivindica y llama la atención de las mujeres para colocarnos en el espacio de igualdad que nos corresponde: nos zarandea mientras nos partimos de risa. El sentido del humor es uno de los mejores desengrasantes y movedores de conciencia que existen, y es de agradecer que sirva para acercarse a temas graves y super importantes a los que, lejos de restarle importancia, Moran eleva a la categoría de arte cómico. Además, esta riot motherrr, como la define Kiko Amat, macarra y grunge, se ridiculiza a sí misma con un virtuosismo propio de una Bridget Jones pasada por el filtro de lo políticamente incorrecto.

Moran habla de su vida, a partir de la entrada en la pubertad, y de su adolescencia en Wolverhampton, siendo la mayor de ocho hermanos en una familia de escasos recursos. Cuenta sus primeros encuentros sexuales, su trabajo en publicaciones musicales alternativas, su relación con los hombres, la maternidad, sus miedos e ideas preconcebidas sobre cómo debería actuar una mujer en estas situaciones, todo con una honestidad descarnada digna de admiración. En muchos de estos temas, Moran pone el acento sobre que seamos las propias mujeres las que no nos atrevemos a menudo a reconocer lo poco que nos gusta el papel que asumimos.


“Cuando se tratan temas como el aborto, las operaciones de estética, los partos, la maternidad, el sexo, el amor, el trabajo, la misoginia, el miedo, o cómo se siente una dentro de su propia piel, las mujeres siguen sin contarse muchas veces la verdad, excepto cuando están muy, muy borrachas. Es posible que el número cada vez mayor de mujeres que, según los estudios, beben compulsivamente, no sea más que un intento de la mujer moderna de mejorar la comunicación entre ellas.”


“No me sorprende que las mujeres hayamos estado tanto tiempo oprimidas por los hombres, pienso restregando mis bragas con un cepillo de uñas y un jabón de brea en el cuarto de baño. Quitar la sangre seca del algodón es un coñazo. Estábamos tan ocupadas frotando y frotando que no pudimos hacer campaña a favor del voto femenino hasta que aparecieron las primeras lavadoras.”

Caitlin Moran. Cómo ser mujer. Barcelona:Anagrama, 2011. Trad. de: How To Be a Woman.

Inspiración, demos un paseo

Ana Parra

Hay muchos motivos para iniciar la marcha. En su obra Elogio del caminar, David Le Bretón escribe sobre el incontable número de autores que han encontrado la inspiración en esas caminatas que se realizan de forma espontánea o de manera regular. A veces se camina sin rumbo fijo y, por algunos momentos, podemos huir del tedio de la vida o de la melancolía. Es un ejercicio físico que implica una mirada externa hacia lo que contemplamos y una mirada interna hacia uno mismo. En el propio camino nos reencontramos con nosotros mismos y, si es un caminar por la naturaleza, la comunión con ella es más que evidente. Nunca nos sentimos más libres de ataduras que cuando nos paramos, durante el recorrido, a contemplar el paisaje. El escritor Ludwig Tieck aún recordaba, ochenta años más tarde, la felicidad que experimentó al contemplar un amanecer y que nunca más sintió.


Por eso, autores como Adalbert Stifter “mandan a paseo” a sus protagonistas cuando se encuentran en plena crisis vital, como ocurre en la novela El Sendero del bosque: Rico heredero que lo tiene todo, aunque es algo excéntrico y aprensivo. Su médico le recomienda una temporada en un balneario para que pueda encontrar esposa, también rica, que ponga fin a sus problemas. Sin embargo, lo que más le gusta del balneario son sus paseos por el bosque, y es allí donde halla lo que su espíritu buscaba. Los paseos en Stifter siempre son algo más. Como explicaba Robert Walser a su amigo Carl Seelig en Paseos con Robert Walser:

“De Stifter me bastan sus estudios de la naturaleza, sus observaciones incomparablemente íntimas, en las que de forma tan armoniosa ha insertado al ser humano”

Robert Walser sabía de lo que hablaba, pues él mismo fue un caminante empedernido. De hecho, murió en pleno paseo un 25 de diciembre de 1956. Walser tiene una pequeña obrita, El paseo, en la que relata un paseo de un día desde por la mañana bien temprano hasta el anochecer. El autor nos abre la puerta de su consciencia y nos cuenta todo lo que le pasa por la cabeza en ese caminar solitario y no podemos evitar sentir, al final del paseo, cómo la melancolía que se cierne sobre Walser nos envuelve también a nosotros. Paseamos con él y somos testigos de sus momentos de lucidez y de sus delirios. Walser padecía una enfermedad mental y, tal vez, como escribió W.G. Sebald al referirse a la novela El bandido, de Walser, en El paseante solitario: “El peligro de la enajenación mental le permitía a veces una agudeza de observación y expresión imposible cuando se está plenamente sano”.

W.G. Sebald, además de ser un gran escritor, también es un gran paseante, y sus obras tienen ese aire circular de los paseos. Los anillos de Saturno es una obra que recomiendo fervientemente, tanto por lo que cuenta (y cuenta tantas cosas y todas ellas interesantes) como por la forma en que lo hace: relata el viaje a pie por el condado de Suffolk del autor; aunque resumir así la obra y a Sebald es quedarse corto, porque es la historia de su viaje y de mucho más. El tema inicial es Thomas Browne y cierra el libro y el viaje con Thomas Browne. Sebald afirma que nunca se sintió tan independiente como en ese viaje ni tan horrorizado al contemplar “las huellas de la destrucción que, incluso en esa apartada comarca, retrocedían a un pasado remoto”. Uno de los temas principales en Sebald es la memoria y, por ende, la propia identidad. Sin embargo, esta vez, lo que quiero resaltar en Sebald es su capacidad para hilar un tema con otro hasta volver al punto de partida, en una perfecta estructura circular, en un paseo perfecto.


Es cierto que hay muchos tipos de paseos, y el tipo de temas que evoca un paseo solitario por el campo nada tiene que ver con los paseos por la ciudad (El hombre de la multitud, de Edgar Allan Poe, es un estupendo ejemplo), o aquellos que surgen de repente y lanzan al individuo a la calle para evitar males mayores como en el cuento breve de Franz Kafka El paseo repentino.


No obstante, si hay una autora que muestra lo que significa pasear por una urbe, en concreto Londres, y la magia con la que se contempla y se vive la ciudad que se ama, es Virginia Woolf en Ruta callejera. Con la excusa de comprar un lápiz, sale a pasear una tarde de invierno y pasar así de la solitaria individualidad a la compañía de la colectividad. “Las circunstancias imponen la unidad” afirma en el texto, pero dar un paseo por Londres invita, no solo como espectador, a contemplar “las maravillas y miserias de las calles”, sino también a inventar otras vidas, otras casas, otros trabajos….


No es lo mismo pasear solo que acompañado, y la mayoría de los autores prefiere caminar en soledad como Robert Louis Stevenson, porque se es libre para actuar cómo se quiera o, como William Hazlitt, a quien le basta con la propia naturaleza. Sin embargo, tanto Le Breton, como escribe en su dedicatoria, como Philippe Delerm prefieren las caminatas en compañía; pues, muchas veces, lo importante del paseo no es el dónde ni el cómo, sino el con quién.

Imagen de portada: Stefan Scheider en Unsplash

El director

Por fin ha llegado a nuestras manos el libro del que todo el mundo hablaba hace unos meses, El director, de David Jiménez, periodista que dirigió El mundo entre 2015 y 2016. Leer este libro es un ejercicio que provoca asombro y espanto a partes iguales, pero que sin duda recomendaría a cualquiera que quiera saber cómo funcionan los medios de comunicación en nuestro país.
Jiménez contaba con una larga carrera de casi veinte años de experiencia como periodista antes de asumir la dirección de El mundo: entró de becario en el periódico, fue reportero de guerra y enviado especial en Asia, donde cubrió importantes conflictos y revoluciones. Tras el largo mandato de Pedro J. Ramírez y el breve de García-Abadillo, recurrieron a él para encargarle la transformación digital del periódico y sacarlo a flote de la crisis en la que se hallaba, un mal común en la mayoría de medios de comunicación impresos.
Según el relato de Jiménez, durante el tiempo que duró su cargo en el periódico se vio sometido a fuertes presiones -ejercidas a través del consejero delegado de la empresa propietaria de El mundo-, que pretendían influir directamente en su línea editorial sin disimulo alguno, obedeciendo a intereses privados ajenos totalmente al periodismo y, por supuesto, a la ética periodística.
Este libro abre el melón –podrido- del modelo de negocio de los medios de comunicación en nuestro país, que, al depender para su subsistencia de la publicidad de grandes empresas, mantienen un compromiso con estas que impide su posicionamiento objetivo ante la realidad. Esto es lo que Jiménez denomina en su libro Los Acuerdos, un pacto no escrito, al margen de los contratos publicitarios con las empresas importantes del IBEX 35, según el cual el periódico se compromete a tratarlas bien.


El grado de sumisión dependía, en el caso de la prensa escrita, de la beligerancia de la empresa y de la capacidad de resistencia del director de turno. Ahora que me encontraba en el otro lado de la barrera, me preguntaba si mantendría mi decoro periodístico con la misma determinación que cuando era un simple reportero sin responsabilidad en la marcha del periódico. El diario vivía la situación financiera más delicada de su historia y no podía permitirse perder las campañas de sus principales anunciantes.


Pero los compromisos no se establecen solo con las empresas, sino también con el poder político, como detalla Jiménez en sus páginas. Este cuenta, por ejemplo, que Florentino Pérez decidió directamente el despido de un periodista crítico con el Real Madrid; que la vicepresidenta del gobierno sentaba en las tertulias televisivas a periodistas afines; que el presidente del gobierno le llamó personalmente para pedirle que fuera suave en su cobertura sobre la política catalana; cuenta cómo se descubrió la implicación del Ministro Soria en los Papeles de Jersey y cómo se intentó frenar su publicación, la relación que tenía el periódico con Villarejo y las cloacas del estado y otro sinfín de tejemanejes que hielan la sangre.

Los sobresueldos para informadores estaban ahora a la orden del día, pagados por agencias de comunicación, clubes de fútbol, partidos políticos y grandes empresas como Telefónica, que durante la presidencia de César Alierta llegó a tener subvencionados a 80 de los más conocidos informadores del país. […] Comprarse un periodista no era posible en España, pero como dice el dicho afgano sobre la corrupción: del alquiler se podía hablar.

Además del valor testimonial del libro y de la revelación incesante de las manipulaciones del poder, su lectura engancha como si de un culebrón se tratase. La prosa ágil y eficaz de Jiménez nos mete de lleno en la vida de una redacción y el flujo de trabajo de sus periodistas, a los que no es difícil identificar bajo los seudónimos que emplea el autor. Con todos estos ingredientes, no es de extrañar que ya se esté fraguando la versión televisiva del libro.
Tras la aparición de El director, a Jiménez se le acusó de haber realizado un ajuste de cuentas tras su despido y de presentarse a sí mismo como un hombre íntegro e incorruptible, más allá de lo creíble en alguien que ha ocupado un puesto como el suyo, frente a la falta de ética del resto. Estos argumentos, aun pudiendo tener algo de verdad –cuestión que solo los implicados podrán conocer-, no restan un ápice de importancia al escándalo: el modelo corrupto de negocio dominante en la mayoría de medios de comunicación españoles.

Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor

“El talento…Algunos lo tienen, y otros no lo tendrán nunca.

Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska (1923-2012) fue una excepcional poeta polaca que obtuvo el Premio Nobel de Poesía en 1996. También cultivó el ensayo y la traducción literaria.
En 1953 entró a formar parte del consejo de redacción de la revista Vida literaria, donde estuvo a cargo más de veinte años de una sección que se podría considerar un consultorio de escritores. Desde aquí respondía a las cartas que enviaban a la revista aquellos autores noveles que aspiraban a ser publicados.

“Sus poemas todavía deben quedarse en un cajón. Ya ha habido lunas como broches de plata. Ya ha habido madonas en un tiovivo. Una memoria tan prodigiosa como la suya estorba cuando uno se pone a trabajar en lo suyo.”

Parte de sus respuestas fueron recopiladas y publicadas en Polonia en el año 2000 y ahora, gracias a Nordica libros, ve la luz su traducción española. Esta edición de Correo literario se acompaña de una entrevista que realizó a Szymborska la catedrática de literatura polaca Teresa Walas, a propósito de la aparición del volumen en Polonia. En ella, la autora polaca explica cuál era el propósito del consultorio, cómo eran sus corresponsales y algunas de sus ideas acerca de la literatura.

En esta correspondencia, Szymborska derrocha ironía, sentido del humor y nada de compasión hacia los aspirantes a poetas, a quienes no duda en mostrarles con sinceridad descarnada lo que opina sobre sus textos. Lanza sus acertadas observaciones como cuchillos, demostrando una inteligencia refinada e incisiva.


“¿Y no será qué, casualmente, la monotonía de los poemas remitidos es fruto del falso convencimiento de que sollozar es la única actividad digna de un auténtico poeta?”

Con una sorna e ingenio exquisitos, a través de las respuestas a los poetas y narradores noveles, Szymborska desgrana su concepción sobre lo que debe ser la literatura y la poesía. La suya es una visión moderna que enfatiza la verdad en la literatura por encima de todo, la pureza, la huida del adorno hueco y la afectación. “Si queremos que nos crean, seamos comedidos”.
Recomienda huir de los clichés (tan perniciosos para la poesía), ser uno mismo, vivir antes que escribir, aprender a contagiar emociones al lector, reflexionar sobre la palabra escrita, ser críticos consigo mismos y, algo de lo que dice sentirse especialmente orgullosa, leer libros. Consejos que podrían ser aplicables hoy en día, haciendo uso del sarcasmo propio de la autora, a muchos autores consagrados.


“Los esfuerzos por ser cada vez más poéticos son la inseguridad más frecuente de los poetas primerizos. Temen la más sencilla de las frases e intentan enmarañarla, y complicarse la vida ellos mismos y complicársela a los demás.”


“Una cosa son los espíritus, pero también la poesía tiene su lado prosaico”.

Si alguno de estos aspirantes a escritores logró superar la carta de rechazo de la Szymborska y siguió sus útiles consejos sobre la escritura, probablemente alcanzaría cierto éxito, pero caben dudas más que razonables de que lo primero no llegara a suceder jamás.

Wislava Szymborska. Correo literario. Trad. de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz. Madrid: Nórdica libros, 2018.