La muerte del archiduque y la Europa errante en la literatura

Leire Frisuelos  
 

El 28 de junio de 1914 era asesinado en Sarajevo Francisco Fernando de Austria, archiduque y heredero al trono del Imperio Austrohúngaro. Este suceso precipitaría la declaración de guerra de Austria contra Serbia, lo que desencadenaría la Primera Guerra Mundial y el fin del Imperio. Así comienza de una larga etapa de cambio no sólo político y económico sino también social e individual. El conflicto bélico, la desmembración de Europa, la pérdida de la patria, la desaparición de las fronteras tal y como las conocíamos va unido irremediablemente al éxodo de los ciudadanos y la transformación de su forma de vida. El hombre centroeuropeo, presa de la desubicación y el vacío, viaja en busca de certezas y asideros. Este viaje, abordado desde diferentes ángulos, recorre la obra de numerosos escritores de mediados del siglo XX. Aquí os ofrecemos algunas.

 La marcha Radetzky (1932), Joseph Roth. Uno de los escritores que más se ha acercado al problema de la patria perdida es Joseph Roth. La marcha radeztky es su novela más representativa en este aspecto. Narra la historia de cuatro generaciones de la familia de soldados y burócratas Trotta, con el telón de fondo de la monarquía austrohúngara desde la cumbre de su poder hasta su disolución. El emperador Francisco José es un personaje de ficción más en la novela.

 Las aventuras del buen soldado Svejk (1921), Jaroslav Hasek. Este clásico de la literatura checa narra las aventuras del viejo y desgarbado soldado Švejk durante la Primera Guerra Mundial. La historia comienza el 29 de junio de 1914, el día siguiente al asesinato del archiduque, cuando  Švejk es detenido en la taberna por pronosticar que se produciría una guerra. Bajo el absurdo y antiheroico  comportamiento de su protagonista reside la sátira contra las instituciones corruptas del Imperio y el orden establecido.





  El Pentateuco de Isaac (1998), Angel Wagenstein. Jacob Blumenfeld es el protagonista de la novela del escritor búlgaro Angel Wagenstein.  En ella cuenta el periplo de un sastre judío de Galitzia (antiguo territorio del Imperio Austrohúngaro, actualmente dividido entre Polonia y Ucrania) durante la primera mitad del siglo XX. Debido a los avatares políticos acaecidos en Europa, Blumenfeld, que nace siendo súbdito del Imperio Austrohúngaro, termina convertido en austriaco no sin antes haber sido ciudadano de Polonia, la URSS y el Tercer Reich. Wagenstein despliega su desarrollado sentido del humor como distanciamiento necesario para asumir el sufrimiento, logrando una mirada muy divertida sobre la realidad.

El mundo de ayer. Memorias de un europeo (1939-1941), Stefan Zweig. Para cerrar elegimos las memorias de Stefan Zweig, que sirven como contrapunto perfecto a las tres obras de ficción seleccionadas arriba.  El prolífico escritor austríaco, autor de célebres novelas y relatos como Carta de una desconocida, María Antonieta, Novela de ajedrez y muchas otras, cuenta en sus memorias los momentos esenciales de su vida, que corrieron paralelos a la complicada situación de la Europa de entreguerras. El mundo de ayer es un mundo, el de Stephan Zweig pero también el de muchos otros, que se iba desintegrando a pasos agigantados. Es una manera de acercarse a la realidad histórica e individual de la mano de un testigo excepcional.

 […] “la gran guerra llamada Guerra Mundial, y con razón, creo yo, no precisamente porque tuvo lugar en todo el mundo, sino porque, como consecuencia de ella, todos nosotros perdimos un mundo, nuestro mundo”. Joseph Roth, La cripta de los capuchinos.

Hotel Savoy, Joseph Roth

Leire Frisuelos

Joseph Roth (Brody 1894-París 1939), escritor y periodista austriaco de origen judío, es uno de los autores más relevantes de la narrativa europea del siglo pasado. Escribió numerosos libros, entre ellos La marcha Radetzky, El busto del emperador, La cripta de los capuchinos, Viaje a Rusia o Crónicas berlinesas. Fue testigo de la caída y desmembración del Imperio Autrohúngaro y la Primera Guerra Mundial, lo cual dejaría una huella evidente a lo largo de su obra. Así, en sus textos está presente el conflicto personal y social que supone la desaparición de la patria, la destrucción de un modo de vida y la desorientación del hombre europeo de entreguerras, que se siente desposeído en medio de ninguna parte.

Hotel Savoy, publicado en 1924, narra la historia de Gabriel Dan, un soldado judío vienés que regresa a casa, tras el cautiverio sufrido a lo largo de cinco años en un campo siberiano durante la Primera Guerra Mundial. Durante su viaje de retorno se aloja en el Hotel Savoy con la intención de descansar unos días y conseguir dinero para continuar su marcha. Allí conocerá a los otros huéspedes del hotel, una extravagante galería de personajes formada por payasos, magnetizadores, soñadores profesionales de números de lotería, siniestros ascensoristas y apuntadores de teatro. Éstos protagonizarán situaciones grotescas y delirantes al borde del esperpento, que, sin embargo, parecen no despertar extrañeza a nadie dentro del hotel. De este modo Roth crea una atmósfera ilusoria y de ensoñación, un universo particular construido con sentido del humor e ironía en contrapunto con la realidad del exterior: hordas de repatriados rusos a causa de la Revolución que llegan a la ciudad en busca de trabajo, hambre, miseria y empobrecimiento.
Al igual que el protagonista de su novela, Joseph Roth consiguió reinventarse a sí mismo tras una guerra que lo condenó a ser testigo y cronista de la más brutal de las pérdidas:

“[…] la gran guerra llamada Guerra Mundial, y con razón, creo yo, no precisamente porque tuvo lugar en todo el mundo, sino porque, como consecuencia de ella, todos nosotros perdimos un mundo, nuestro mundo”.