Dostoievski

 Álvaro Hidalgo

Con motivo del año dual España-Rusia me han propuesto escribir algo sobre la literatura rusa; y si de literatura rusa hay que hablar, no se me ocurre nada mejor que hablar de Dostoievski.

Una de las cosas que más me llama la atención es la gran influencia que ha tenido y que sigue teniendo, y no sólo en escritores. Por ejemplo, Freud era un gran admirador, en especial del capítulo de Los hermanos Karamazov titulado “El Gran Inquisidor”. Otro ejemplo es Nietzsche, que lo definió como “el único psicólogo del cual se podía aprender algo y como uno de los accidentes más felices de su vida”.

Su influencia no sólo abarca el siglo XIX, sino que el XX también está marcado por Dostoievski y, como muestra, un par de ejemplos a partir de una frase de Los hermanos Karamazov:

Nada hay más seductor para el hombre que la libertad de su conciencia, pero nada hay tampoco más aterrador.

Así, parece claro que esté considerado como uno de los precursores del existencialismo si cotejamos esta frase con la máxima existencialista expuesta por Sartre: “Estamos condenados a la libertad”.

El otro ejemplo está sacado de la novela de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas:

Soy un individuo que ha profundizado en su propia conciencia, ¿y quién que ahonde en los pliegues de su propia conciencia puede respetarse?

Una vez leídas las dos frases, sobra todo comentario al respecto.

P.D: leyendo sobre Dostoievski para sacar alguna idea, leí que una de las excepciones sobre su influencia en los escritores del siglo XX era Nabokov, y me acordé de esta frase sacada de La verdadera vida de Sebastian Knight:

… estaba definitivamente condenado al solitario confinamiento de su propia personalidad

Yo sí encuentro cierto parecido con lo expuesto anteriormente, ¿y tú?…

Dostoievski en la Biblioteca

Argentina: un verano de libros y viajes

Leire Frisuelos

En la tercera semana de nuestro viaje llegamos hasta Argentina. Junto a los grandes autores hemos querido incluir a otros escritores de reconocida trayectoria que no gozan de tanta fama entre el gran público.

Un buen comienzo es sin duda Plata quemada, del escritor argentino Ricardo Piglia. La historia está basada en un hecho real: el robo de un banco en la provincia de Buenos Aires en 1965. Es una novela policíaca que cumple con los elementos propios del género (malhechores que huyen y policías que persiguen, tensión e intriga hasta el final), pero que posee una estructura poco corriente en este tipo de libros, ya que cada personaje cuenta la misma historia desde su punto de vista personal. Piglia, que accedió a material confidencial para escribir esta novela, compone un relato apasionante que no podrás dejar de leer.

Juan Rodolfo Wilcock, publicó en 1972 La sinagoga de los iconoclastas, libro de título desconcertante que ofrece una galería de personajes estrafalarios, vidas singulares y biografías imaginarias de inventores, utopistas, teóricos y otros caracteres bizarros. La poderosa imaginación de este autor argentino emigrado a Italia nos ofrece historias como la del hipnotizador y telépata filipino José Valdés y Proum; la del inventor de la trampa para ratones con célula fotoeléctrica y guillotina o la de Aram Kugiungian, armenio emigrado a Canadá que estaba reencarnado en miles de personas. Es ante todo un libro con un gran sentido del humor, concebido para divertir al lector y que Roberto Bolaño calificó como uno de los mejores libros escritos en el siglo XX.

Ernesto Sábato, El túnel. En esta novela el narrador es el asesino, un pintor que cuenta en primera persona los motivos que le llevaron a terminar con la vida de María Iribarne. El libro indaga en la obsesión del protagonista y en la presión a la que su víctima es sometida, creando un clima asfixiante y opresivo que engancha al lector irremediablemente. Publicado en 1948, esta novela supondría el reconocimiento internacional para Sábato.

“…en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”

Llegamos a Julio Cortázar, era imposible que no apareciera en este post. En esta ocasión comentamos la publicación que la editorial RM ha realizado de La vuelta al día en ochenta mundos y Último round, en una versión facsimilar de las ediciones originales 1967 y 1969 respectivamente), con diseño de Julio Silva. Estas míticas “obras almanaque”, que en España se publicaron en unos inconfundibles volúmenes estrechos y alargados, son libros collage en los que se mezclan prosa, poesía, imágenes y distintos tipos de expresión artística. Una edición muy cuidada para cronopios e incondicionales.

Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington. ¿Qué podrían tener en común la vida de James Barrie, autor de Peter Pan, y el mundo del pop londinense de los años sesenta? Fresán lo explica en esta original novela cuyo narrador, un escritor de libros infantiles, cuenta a lo largo de una lisérgica noche la historia de Barrie y la suya propia. La pericia narrativa de este autor argentino, uno de los mejores escritores en lengua española de los últimos años, hace que dos mundos en apariencia distantes encajen perfectamente creando un universo único en la mente del lector.

En el vestíbulo de la Biblioteca encontrarás estos libros y muchos más, además de cine y música, que podrás llevarte en préstamo si lo deseas.