Metafísica de los tubos

Teresa Merelo 

El mundo a través de los ojos de un bebé.  Pero no de un bebé cualquiera, sino de una niña especial, posiblemente superdotada, que durante los primeros dos años opta por vegetar, pues no encuentra nada interesante que le lleve a salir de ese estado, que se considera  a sí misma dios y que se percibe como un tubo, una estructura rígida con orificio de entrada y de salida por cuyo interior fluye el universo… ¡hasta que descubre el placer en forma de chocolatina!

“Los tubos son una singular mezcla de plenitud y vacío, de materia hueca, una membrana de existencia que protege un haz de inexistencia”

Esto es lo que nos propone  Amélie Nothomb en Metafísica de los tubos, una novela  con tintes autobiográficos,  donde narra la infancia de la protagonista durante sus primeros tres años en Osaka, en el seno de una familia de diplomáticos belgas.

Imbuida de la cultura japonesa  donde la infancia, desde el nacimiento hasta el parvulario, es una etapa muy especial,  nos habla de ese periodo en el que se siente omnipotente, poderosa y distante, como un dios.

“A su imagen y semejanza, me sentía preciosa y peligrosa, inofensiva y mortal, silenciosa y tumultuosa, odiosa y feliz, dulce y corrosiva, anodina y rara, pura y embargante, insidiosa y paciente, musical y cacofónica, pero, por encima de todo, más que cualquier otra cosa, me sentía invulnerable”

Desde ahí  nos plantea sus obsesiones,   sus gustos y rechazos;   las relaciones humanas con los seres más cercanos: sus padres y hermanos y su aya japonesa a la que le une un vínculo muy especial. La naturaleza es un personaje más del relato, siempre presente,  a veces como cambiante telón de fondo a través  del curso de las estaciones,  y otras veces con su protagonismo propio, y siempre contemplada  a través de los ojos de la protagonista  que se mantiene admirada ante su armonía y su belleza. Como iremos viendo, a pesar de lo limitado de su experiencia, este bebé es capaz de percibir,  interpretar y analizar el mundo y su vida  de un modo muy coherente.

Metafísica de los tubos es una novela desconcertante a ratos, divertida, irónica,  tierna y de lectura rápida pero no superficial,  pues su profundidad es manifiesta. Da pie para pensar y ver lo que hay más allá de las palabras. La autora nos propone  un relato capaz de encerrar reflexiones metafísicas en frases sencillas,  reflexionando  sobre temas como la infancia, el lenguaje, la vida y la muerte de manera lúcida,  ácida y humorística.

 “¿Por qué los dioses iban a ser inmortales? ¿En qué medida podía la inmortalidad convertir a alguien en divino? ¿Acaso es menos sublime la peonía por el hecho de marchitarse?”

Se trata de una novela corta (143 páginas) y la historia está relatada de manera amena, pero aunque es fácil de leer, es necesario hacerlo de manera tranquila para poder acceder a todo lo que la autora nos quiere transmitir.


Amélie Nothomb en la biblioteca de la UNED

Una nueva luz para Gloria Fuertes. Los libros del centenario

Antonio Ortega

La conmemoración este año del centenario del nacimiento de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998), es una ocasión inmejorable para recuperar y reivindicar la memoria y la obra de una mujer esencial de nuestra cultura, de una mujer y una poeta (ella siempre se negó a aceptar que la llamaran poetisa) que es un referente ineludible de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, además de ser, también, una mujer comprometida con la igualdad y los derechos de género, siendo siempre una pacifista defensora de los más desfavorecidos, de los perdedores y de los oprimidos. 
Gracias quizás a sus apariciones televisivas, pocos poetas han sido tan queridos, populares y seguidos como Gloria Fuertes, famosa sobre todo por sus textos infantiles, y precisamente por eso, por ser igualmente un referente de la literatura infantil española del siglo pasado, recibió el Diploma de Honor del Premio Internacional de Literatura Infantil Hans Christian Andersen. Pero más allá del encasillamiento de su escritura dentro de la literatura infantil, Gloria Fuertes fue una grandísima poeta, poseedora de una voz propia y original, capaz de dar cuenta de las urgencias de la vida con unos poemas ausentes de retórica, con un estilo que a pesar de ser coloquial, nada tiene de informal o distendido, sino todo lo contrario, pues sus poemas son la muestra de una difícil sencillez que, con una fuerza interior inolvidable, son el fruto una especie de lección íntima de la realidad y de la historia. Como dice en uno de los poemas,

 “No quiero ser maestra de nada, / me conformaría / con ser una lección / de algo”.

 Una poeta que, marcada por la Guerra Civil, la dictadura franquista y su condición, nunca ocultada, de lesbiana, se situó entre la vanguardia y el compromiso social, entre el desgarro del dolor y la tragedia de la existencia, y la alegría rebelde de vivir, pues como una “isla ignorada” sabía mirar y ver que

  “todos los días son blancos, / todas las noches son negras, / y las tardes son azules / y las mañanas son menta”. 

Una mujer y una poeta inclasificables, y de quien Camilo José Cela dijo que “aúlla, como una loba herida de muerte”, porque “sus versos son desconsolados y atroces, saludables y humanos, mortales de necesidad y amargamente sobrios y juguetones como el diablillo de la guardia, al que esta mujer quiere peinar los cuernos”. Como ha dicho Vicente Molina Foix, “hay mucha maravilla en su obra adulta”, y a falta de una edición completa de su obra (que además de su poesía incluya, entre otros escritos, su teatro y sus “glorierías”, esa especie de greguerías propias e inolvidables frases, algunas editadas por la editorial Torremozas), hay que recurrir a las sucesivas y constantes nuevas ediciones de sus antologías y libros, entre otros y muchos, Mujer de verso en pecho, editada por Cátedra y con prólogo de Francisco Nieva; Historia de Gloria: (amor, humor y desamor) en la misma editorial y en edición de Pablo González Rodas; o acudir a sus Obras incompletas, también en Cátedra y en edición de la propia autora. Su innovadora y casi irreverente escritura, es capaz de fundir elementos orales y elementos escritos, cultos y coloquiales, creando una sucesión de textos a base de fuentes verbales en vez de referenciales, con lo que contribuyó a redefinir de algún modo el género poético, tanto para su generación como para las siguientes y posteriores, y siempre desde la condición inimitable de su misma poesía.

          Gracias a la celebración de su centenario, con seguridad se editaran y reeditaran muchos y diversos trabajos y nuevos libros, y de momento la lista se inicia con las siguientes publicaciones:
 El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y de vida, editado por Blackie Books en edición de Jorge de Cascante, con 448 páginas a todo color y cuyo reclamo editorial dice que es el libro sobre la verdadera Gloria Fuertes, y que se compone de 300 poemas, varios de ellos inéditos, 80 fotos nunca vistas, 12 dibujos de la poeta, una biografía que se dice la más completa hasta la fecha, con anécdotas, encuentros y desencuentros, recortes de prensa, páginas de sus cuadernos de notas, y que nos muestra objetos preciados y preciosos encontrados en su casa de Madrid, y al que añadir un cómic de 16 páginas obra de Carmen Segovia que narra escenas de su época como profesora en Estados Unidos. 
La editorial Nórdica saca a luz otra antología, Geografía humana y otros poemas, con ilustraciones de Noemí Villamuza y con prólogo de Luis Antonio de Villena, que reúne y selecciona algunos de sus mejores poemas publicados entre 1950 y 2005, y tal como publicita la editorial, pretende ser una modesta contribución al mejor conocimiento de su labor poética, que es la obra de toda una vida, pues, como ella misma afirmó, “cada acto que hago es poesía”. 
Otra aportación al centenario y al conocimiento de la obra poética de Gloria Fuertes, es la amplia antología Me crece la barba. Poemas para mayores y menores, editada por Reservoir Books, y que recoge sus mejores poemas en una antología libre en la que, como afirma la editorial “se reúne una amplia muestra de su producción poética para adultos, tan perenne como injustamente olvidada, y para niños, que le valió en las últimas décadas el clamor popular pero quizá no el crítico. Dispuestos y asociados en una suerte de itinerario vital (que no cronológico) de la autora”, estos poemas “dan viva fe de que no había dos Glorias, sino una sola y para todos los públicos”, y que toda su obra se puede leer con ojos más o menos inocentes, más o menos entre líneas.
 Como antes adelantábamos, la editorial Torremozas ofrece dos nuevas reediciones de Gloria Fuertes: uno es Glorierías (Para que os enteréis), una especie de poemas breves con los que decir mucho con menos, y que la poeta llamó “momentos” o “mini-poemas”, que son los que aquí se publican, en una edición que preparó ella misma pero que no vio la luz hasta después de su muerte en 1998. Su  título es una versión personal de las conocidas Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, por eso se incluye en esta edición una carta que Gómez de la Serna envió a Gloria en 1954 desde Buenos Aires, donde le aconseja que “no se deje llevar más que por sí misma” y es lo que hace Gloria Fuertes, ser ella misma en estado puro y acercarnos a su forma de ver las cosas desde la espontaneidad y la contundencia, como decía Gloria Fuertes, “con la rapidez de un dardo, un navajazo, una caricia”. El otro libro es Pecábamos como ángeles. Gloripoemas de amor, que es una selección de su poesía amorosa, también escogida por ella misma de diferentes libros, y que fue publicado por primera vez en 1997.
Gracias a las exposiciones, se puede llegar a la obra. Una es la que ofrece la Fundación Gloria Fuertes, bajo el título de El universo de Gloria Fuertes, en la que se realiza un recorrido estructurado cronológicamente a través de la vida y la obra de la escritora, tanto en su faceta de autora para niños, como en la de poeta para adultos. Esta exposición consta de siete paneles y 40 fotografías procedentes de su archivo personal y donde además se exponen manuscritos, libros, revistas y documentos originales, únicos y curiosos así como primeras publicaciones en revistas infantiles y primeras ediciones de su obra, que permiten ver el proceso de creación de la poeta, todo ello bajo un gran interés literario y didáctico. Otra es la que entre el 14 de marzo y el 14 de mayo se mostrará en el Centro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa, en colaboración con la Fundación Gloria Fuertes, y titulada Gloria Fuertes 1917-1998, ofreciendo un recorrido artístico y vital con el objetivo de dar a conocer su vida y reivindicar el lugar que le corresponde por derecho en el panorama literario español del siglo XX. Gloria Fuertes fue, por encima de todo, y más allá de las rimas, los ripios y los juegos del lenguaje, una superviviente, una poeta honda y coherente, y luminosa.

La novela de amor o romántica

Ana Parra
Créditos imagen: Dianne Lacourciere, licencia CC

En el Día de las Escritoras en el que se conmemora el legado de las mismas y se intenta hacer visible su obra, me gustaría hacer una pequeño apunte sobre obras escritas en su mayoría por mujeres y que van dirigidas, principalmente, a mujeres: las novelas de amor. Es un género de literatura que en la actualidad mueve millones. No hay nada más que ir a la playa, montar en transporte público o fisgar dentro del índice de un libro electrónico para confirmar aquello que, mal que pese a los críticos literarios, se ve en las listas de los libros más vendidos. No voy a cuestionar la calidad de este género, pues para detractores ya dio buena cuenta de ello George Eliot (1819-1880) en su pequeño ensayo “Las novelas tontas de ciertas damas novelistas“. Para fervientes defensores de estas lecturas me remito a las listas de ventas y firmas de libros. Pero sí me gustaría resaltar algo que tanto Eliot, como anteriormente Jane Austen (1775-1817), en cierto sentido Charlotte Brönte (1816-1855) en Jane Eyre y, más adelante, Virginia Woolf (1882-1941) en Una habitación propia ponen de manifiesto: la vulnerabilidad de la mujer en la sociedad cuando no tiene recursos, pues está sometida aún más a la hipocresía de las convenciones sociales. Es verdad que las novelas de Jane Austen nos muestran uno de los mayores problemas de la humanidad, la falta de comunicación. Sin embargo, al terminar la lectura, solo nos quedamos con la idea del final feliz donde la chica pobre (o no) se casa con un hombre maravilloso (o no) con el que será feliz hasta el final de sus días. Los problemas de incomunicación y crítica social se borran de nuestra mente ante tanto triunfo del amor. Las protagonistas femeninas de Jane Austen no trabajan, están relegadas a las labores del hogar y su independencia económica depende de la riqueza de sus padres o de conseguir un buen marido. Jane Eyre, por el contrario, sí tiene trabajo. Un trabajo de chica pobre, pero con estudios; Jane Eyre es institutriz y se enamorará de un hombre rico y atormentado, y, después de sufrir varias penalidades, se volverán a unir para siempre.

Es cierto que el papel de la mujer estaba demasiado acotado, pero resulta cuando menos curioso que sea un hombre, Adalbert Stifter (1805-1868), nada menos, el que nos presente una novela corta, Brigitta, con más sustancia de lo que pudiera parecer. En esta novela hay un intercambio de papeles: el personaje fuerte e inteligente, capataz de su propia granja, es ella; el personaje guapo y más vulnerable, es él. ¿El desenlace? Merece la pena leerlo para averiguarlo. Hay otro matiz que aporta la novela de Brigitta y que las novelas actuales apenas consideran con el consiguiente perjuicio que, sin darnos cuenta, va calando en la sociedad. En Brigitta no hay la idea de necesidad del otro, de posesión, de pertenencia total hacia la otra persona que se puede atisbar en Jane Eyre. Brigitta no necesita al protagonista masculino para ser feliz. Ella ya es feliz, su amor le reporta mayor dicha sí, pero su pérdida no paraliza ni impide que ella siga su camino.

En las novelas actuales de amor, los personajes protagonistas  ya no se ajustan a los cánones tan decimonónicos de cuello de cisne y cinturas de avispas, ojos de infarto, mente lúcida y elocuencia. Como trabajan, tienen independencia económica, aunque no hay trasgresión en el aspecto laboral; se siguen ocupando puestos ya asumidos socialmente. Es verdad que el contenido sexual en este tipo de género ha aumentado. Sin embargo, la verdadera transgresión sería encontrar en este tipo de novelas un concepto de amor donde no haya que ser medias naranjas, sino que uno ya sea una naranja entera.

FRACASO. Lo que los “expertos” no entendieron de la economía global. Mark Weisbrot

Sonia Trol

Este ensayo de Mark Weisbrot abre una ventana de aire fresco al análisis sobre la crisis económica y política que llevamos padeciendo desde el año 2008. Plantea una reflexión acerca de las políticas neoliberales que se han estado implantando para resolver la crisis y, lo que es más interesante, utilizando datos y realizando un estudio exhaustivo, alternativas a las medidas impuestas.

La doctrina neoliberal no es nueva, se trata de una readaptación del liberalismo económico del siglo XIX. Durante todo el siglo XX, estas políticas se han implantado en distintos países y con diferentes grados de intensidad. Las medidas que se recetan frente a la crisis son siempre muy parecidas: ajuste fiscal o saneamiento presupuestario basado en el recorte de las pensiones y del gasto social; reducción de funcionarios públicos y privatización de servicios; “flexibilización” del mercado laboral incluyendo la reducción de la protección de l@s trabajador@s y el descenso de los salarios; recortes, cuando no supresión, de los subsidios que benefician a la población más necesitada; a la vez que se reducen los impuestos favoreciendo a las rentas superiores y las rentas derivadas del capital, dando mayores incentivos fiscales a los ricos. En definitiva, recortar o en algunos casos, eliminar el estado del bienestar, facilitando el negocio de las empresas privadas que se quedan con los nichos de actividad que ya no cubre el Estado. Todo esto, revestido con el consabido mantra: “no hay alternativas”, “o se aceptan estas recetas económicas o nos dirigimos al caos”, “los mercados necesitan seguridad y no están para experimentos” y un largo etcétera de frases apocalípticas repetidas hasta la saciedad en los medios de comunicación masivos, que en muchas ocasiones se encuentran controlados por intereses financieros y económicos a los que la doctrina neoliberal beneficia.

La crítica que Weisbrot realiza de estas políticas es feroz y la ilustra examinando distintos ejemplos en América Latina y Asia, donde se aplicaron estas recetas neoliberales con unos resultados similares y que sólo se pueden describir como negativos: aumento y prolongación del periodo de recesión; empeoramiento de la calidad de vida de la mayoría de la ciudadanía; incremento del beneficio de unas élites que representan al gran capital y al capital financiero; en resumen, estancamiento en la recuperación del crecimiento económico.
Esta crítica no se limita a la actuación de distintos organismos defensores de la doctrina neoliberal en estos continentes, sino que abarca también a su actuación en la Unión Europea. Desde el primer capítulo de este libro, desmonta los argumentos defendidos por la Troika para justificar las reformas que obligatoriamente han adoptado los países miembros, en especial los conocidos como PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, España y Grecia), a raíz de la crisis económica que comenzó en el año 2008. En su análisis defiende que la crisis no era ni es una crisis provocada por un exceso de gasto público y un descontrolado crecimiento de la deuda pública que precise de políticas de austeridad (a excepción de Grecia).

 El caso griego pone de manifiesto que las autoridades europeas, al comienzo de la crisis, contaban con los recursos y la capacidad para restablecer el crecimiento y el empleo, pero optaron por aplicar una serie de medidas que después de seis años no han conseguido sacarnos de la recesión.
El autor considera que las autoridades económicas europeas, no elegidas en las urnas, entienden la crisis como una oportunidad de introducir una serie de medidas que jamás se hubieran puesto en funcionamiento mediante las urnas. Por estos motivos, defiende la necesidad de poner en práctica políticas económicas expansivas, es decir justo lo contrario de lo que se está haciendo. Este planteamiento lo refuerza contrastando con la actuación de EEUU, y lo primero que destaca es la diferente intervención en la economía del Banco Central Europeo y de la Reserva Federal (Banco Central en EEUU). Mientras la Reserva Federal bajaba la tasa de interés a cero y aseguraba que la mantendría durante un tiempo prolongado, el BCE subió los tipos de interés dos veces a mediados de 2011, a pesar de la debilidad de la economía europea. Además la Reserva Federal creó 2,3 billones de dólares de flexibilidad cuantitativa, evitando que su deuda soberana entrara en crisis e incluso proporcionando fondos para estimular la economía. Por el contrario, el BCE en ningún momento de la crisis ha funcionado como prestamista de último recurso para los estados miembros y su máxima prioridad ha sido controlar las deudas públicas de los países. El BCE no ha estado dispuesto a usar su poder para crear dinero y estabilizar las economías de los países miembros de la Unión Europea. Esto ha ocasionado que los gobiernos hayan tenido que buscar financiación a través de la banca privada, con unos tipos de interés muy altos que no se corresponden con el riesgo real.

Weisbrot se enfrenta en este libro a los temas tabú de la política económica actual, impulsando otro punto de vista que estimula la reflexión. Como conclusión, plantea un futuro optimista confiando en las políticas progresistas que se están implantando en los países en desarrollo y en la pérdida de poder de organismos multilaterales defensores de la ortodoxia neoliberal, como es el caso del FMI. Sin embargo, no tiene en cuenta obstáculos como los que pueden suponer los tratados transatlánticos como el TTIP, CETA o TISA, que probablemente se impongan impulsados por las élites económicas y financieras, aprobados por los gobiernos y sin la consulta de la ciudadanía.