El ojo del observador, Laura J. Snyder

Javier Pereda

libro La historiadora Laura J. Snyder (New York, 1964), traza, a partir de las vidas en Delft del pintor Johannes Vermeer y del científico Antoni van Leeuwenhoek, el  vívido fresco de una sociedad en ebullición, a partir del análisis de las nuevas formas de observación que tienen lugar en esa época  en campos distintos–pero complementarios–  como el de la creación pictórica y la observación científica.  El escenario es  un país –Las Provincias Unidas—y una ciudad –Delft- que en el siglo XVII están experimentando un elevado dinamismo en los campos social y económico. Las victorias en las guerras con los imperios español y británico y los períodos de paz que las siguieron permitieron a los holandeses la conformación de un imperio económico de carácter planetario, con el consiguiente enriquecimiento de amplias capas de la población y la gestación de una burguesía consumidora de bienes de diverso tipo, especialmente en lo que  atañe a uno de los personajes eje del libro, del mercado del arte.

El hilo conductor del relato es el papel clave que tuvieron los dos personajes  en el cambio transcendental de la idea de ver que se produjo en ese tiempo y en ese lugar.  En el caso de Vermeer, la capacidad del artista por investigar  en el campo de la pintura, merced al uso de la cámara oscura, que el pintor utilizó como una herramienta para avanzar en temas de composición de escenas y  el manejo de la luz.   En el caso de Leeuwenhoek, su capacidad de observación a partir de la confección de microscopios, de las lentes que aquellos incorporaban y sobre todo del método usado, en el que alcanzó un importante grado de maestría, amén de la constancia y perseverancia en la metodología. Algunas de sus observaciones y mediciones fueron tan exactas que resisten la comparación en los tiempos actuales. Ello le llevó a mantener una viva correspondencia con  los miembros de la Royal Society, que en aquellos momentos lideraban el movimiento de la revolución científica, el movimiento del empirismo frente al racionalismo de Descartes, y a publicar en las Philosophical Transactions.

Una época en que, en aras de ese empirismo, los caminos de los científicos y los artistas a veces se cruzaban, con artistas interesados en los avances científicos y hombres de ciencia que necesitaban dibujar los nuevos avances, los nuevos descubrimientos que se estaban llevando a cabo con los nuevos instrumentos de visión, microscopios y telescopios. El libro contextualiza perfectamente las vidas de los dos personajes, coetáneos y vecinos incluso de plaza, por cuanto ambos vivieron en el rectángulo de la Plaza del Mercado de Delft, en la sociedad  de la época.  Un libro magníficamente documentado,  que se lee como una novela.

Imagen: El mundo físico : gravedad, gravitación, luz, calor, electricidad, magnetismo, etc. / A. Guillemin. – Barcelona Montaner y Simón, 1882.

Snyder, Laura J. El ojo del observador: Johannes Vermeer, Antoni van Leeuwenhoek y la reinvención de la mirada. Barcelona: Acantilado, 2017.

Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima

 

Sonia Trol
 
Sabemos que estamos atrapados en un sistema económico que parece haber entendido la realidad al revés: se comporta como si lo que es finito (el agua limpia, los combustibles fósiles y el espacio atmosférico que absorbe las emisiones procedentes de estos) no tuvieran fin, mientras insiste en la existencia de límites estrictos e inamovibles a lo que, en el fondo, es totalmente flexible (concretamente, los recursos financieros fabricados por las propias instituciones humanas y que, de ser imaginados de otra forma, podrían servir para construir el tipo de sociedad humanitaria y generosa que verdaderamente necesitamos).” N. Klein.
 

Naomi Klein, periodista canadiense y autora de los best- sellers  “La doctrina del shock” y “No logo”, reflexiona en este libro sobre el problema del cambio climático y sus consecuencias. Esto lo cambia todoes un alegato en defensa de la tierra, del lugar común donde vivimos, pero además es un análisis exhaustivo de cómo el capitalismo nos conduce inexorablemente hacia un futuro a nivel climático de consecuencias impredecibles. La transformación del clima, provocada por la acción directa del ser humano, es un hecho innegable que hemos estado intentando eludir durante demasiado tiempo. Este libro, publicado en 2015, defiende la necesidad urgente de tomar medidas a nivel mundial para evitar una catástrofe ambiental de consecuencias irreversibles.

La Historia de los humanos es en gran parte la historia de cómo el ser humano ha considerado que tiene derecho sobre todo el planeta, derecho a dominar la naturaleza. Esta fantasía de control y liberación de la naturaleza se ha perpetuado durante siglos hasta nuestros días y nos ha proporcionado una identidad distinta de la del medio ambiente. Lo paradójico de esta situación es que ahora la naturaleza está respondiendo a la sobreexplotación a la que la hemos sometido y lo hace en forma de incendios, tormentas, inundaciones y sequías. Para combatir esta catástrofe ambiental precisamos de cambios profundos que afectan directamente a nuestro sistema económico y a nuestra forma de vida.

La evolución del cambio climático obliga a la autora a examinar los distintos esfuerzos que se han realizado a nivel global para combatir este problema. Klein revisa las Conferencias Internacionales sobre este tema auspiciadas por la ONU, centrándose  en la reunión celebrada en el año 2009 en Copenhague, donde los gobiernos de los países industrializados definieron que cualquier situación por encima de los 2 grados de calentamiento sería muy peligrosa. Las delegaciones africanas denunciaron que esta propuesta era un genocidio porque provocaría una masacre ambiental en el África subsahariana. Las naciones no alineadas también rechazaron ese objetivo con el lema “1,5 para sobrevivir” que es el máximo tolerable para ellos. Ahora el Banco Mundial, la Agencia Internacional de la Energía y PriceWaterhouseCoopers, instituciones nada sospechosas de radicalismos de izquierdas, hablan de que nos acercamos a los 4 o 6 grados de calentamiento. Esto lo cambia todo, los científicos del clima no saben si esta situación puede ser compatible con nuestra civilización. Por encima de los 2 grados las consecuencias son imprevisibles. Para no sobrepasar esta temperatura necesitaríamos reducir las emisiones entre un 8% y un 10% al año desde hoy. Este  requisito de disminución de las emisiones se enfrenta directamente con la idea de crecimiento que es la base de nuestro sistema económico.

 Según la autora, la respuesta a este desafío sólo puede pasar por un cambio de modelo económico que se base en la justicia y en la sostenibilidad. Es necesario realizar una fuerte inversión en el sector público potenciando las energías renovables, modificando nuestro sistema energético y abandonando la posibilidad de nuevas extracciones de combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas), así como su consumo. Otro de los elementos esenciales para abordar este problema es la necesidad de regular la actividad de las grandes corporaciones, hay que limitar sus emisiones e impedir que sigan perforando cada vez con métodos más agresivos  como la minería a cielo abierto o el  fracking (fracturación hidráulica).

Klein considera necesario también que se regule lo que denominamos el mercado libre que bloquea muchas de las políticas que evitarían aumentar las emisiones de dióxido de carbono. Un ejemplo claro es la batalla que se está librando contra el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones). Este tipo de acuerdos que incluyen la protección de los inversores en detrimento del interés común y de la lucha contra el cambio climático, facilita que las grandes compañías multinacionales sometan a los gobiernos de los distintos países firmantes. Así si un gobierno prohíbe prácticas extractivas como el fracking o la construcción de un gaseoducto muy contaminante, las grandes compañías pueden invocar cualquier tratado de libre comercio (CETA, TTIP, NAFTA, TLCAN, etc) para tener derecho a llevar a la práctica estas actividades.

En este libro encontramos historias terroríficas, muy bien documentadas, de cómo la acción de las grandes empresas ha destruido  una infinidad de ecosistemas fundamentales para la vida humana: desde la extracción de petróleo y gas en las arenas bituminosas de la región canadiense de Alberta, utilizando técnicas muy dañinas para el medio ambiente, contaminado el agua y la tierra, además de producir AOS (aerosoles orgánicos que provocan enfermedades cardiovasculares, asma y cáncer de pulmón); hasta la historia de una pequeña isla del Pacífico Sur llamada Nauru, en la que se encontró fosfato de calcio, un valioso fertilizante agrícola y cuya extracción ha convertido este paraíso en una isla inhabitable. Pero también, encontramos lo que la autora denomina “Blokadia”, que son focos de resistencia cada vez más conectados entre sí que luchan contra las acciones de las empresas mineras y de combustibles fósiles. Estos pequeños focos son comunidades que defienden a lo largo de todo el planeta sus ríos, bosques o tierras de cultivo de la amenaza de las empresas extractivas y que con sus pequeñas victorias están provocando una verdadera transformación en la lucha contra el cambio climático.

“Esto lo cambia todo” examina de manera exhaustiva el desafío que supone para la humanidad combatir el problema del cambio climático. Aunque probablemente, lo mejor de su lectura es que permite indagar en un tema incómodo, que nos obliga a reflexionar sobre nosotros mismos como especie y que nos reclama un compromiso con la Tierra.

Naomi Klein en la Biblioteca de la UNED

Sobre la Revolución de Octubre

Isabel Calzas

En estos días en los que se conmemora el centenario de la Revolución rusa de 1917, traemos aquí una selección de libros sin más pretexto que el haber ido encadenando su lectura en los últimos meses.

Señalar la importancia del acontecimiento es ya un lugar común, pero lo cierto es que no podemos obviar su centralidad en todo lo ocurrido a lo largo del pasado siglo, tanto por su influencia decisiva en las relaciones internas y externas entre los países, como por haber marcado, en muchos y decisivos casos, los cambios políticos y las posiciones de los partidos. El historiador marxista británico Eric Hobsbawm desarrolló el concepto del “corto siglo XX” que comprendería desde 1914 hasta 1991, enmarcado entre el inicio de la Primera Guerra Mundial, que supuso la desintegración de los imperios ruso, austro-húngaro, alemán y otomano, y el derrumbamiento del bloque soviético, un siglo indudablemente recorrido por las consecuencias de la Revolución rusa.

Son bastantes las novedades que se han editado o reeditado este año en torno a este centenario, como es el caso de la traducción de La Revolución rusa de Richard Pipes (Debate, 2016), publicada originalmente en 1990.

Su autor está considerado como uno de los mayores especialistas en historia rusa y fue asesor del presidente Reagan durante los años 80 para asuntos soviéticos. Es bien conocida su visión crítica de la Revolución, pero su lectura, pese a lo voluminoso de su obra, es absorbente. Describe y examina, desde los inicios, los acontecimientos acaecidos en las décadas finales del siglo XIX, pasando por la revolución de 1905 hasta llegar a la Guerra civil. Es muy interesante el análisis que hace de los diferentes grupos sociales, como el campesinado y los intelectuales, y su posicionamiento en torno a los acontecimientos. Su idea principal es que la verdadera revolución se produjo en del mes febrero, que desembocó en el derrocamiento de la monarquía y el establecimiento de un gobierno provisional, pues lo que tuvo lugar en octubre fue un golpe de estado de los bolcheviques. Su análisis de la figura de Lenin es muy crítico, incluso demoledor en cuanto a algunas cuestiones, como su ambición de poder y su odio irracional a la burguesía.

Otra obra de análisis es la de Rex A. Wade, 1917: La Revolución rusa (La Esfera de los Libros, 2017). Su narración es más sintética pero ofrece una clara descripción de los hechos, aportando también la visión de lo que ocurría paralelamente fuera de las grandes capitales como San Petersburgo y Moscú, y dando cuenta de los desplazamientos que surgieron en los partidos, lo que denomina como “realineamiento” de todo el espectro político.

Atrapados en la Revolución rusa de Helen Rappaport (Palabra, 2017) es una interesante crónica de cómo vivieron en primera persona estos acontecimientos los extranjeros allí residentes, pues por causa de su profesión trabajaban en oficinas, bancos, embajadas, periódicos o eran meros visitantes. Buena parte de ellos dejaron testimonio de su experiencia a través de cartas y de diarios que dan cuenta de los hechos en aquellos primeros momentos en las calles de San Petersburgo. Esta narración coral nos presenta la visión múltiple de unos testigos presenciales capaces de describir las colas de las mujeres para abastecerse de pan, los enfrentamientos y las movilizaciones en las calles, las cargas contra los manifestantes o la pasividad del Zar, pero que también, y al mismo tiempo, transmiten las ilusiones y las esperanzas que se vivieron en aquellos momentos decisivos.

Por último una visión de parte, la que nos ofrece Victor Serge en Memorias de un revolucionario (Veintisiete Letras, 2011).  Hijo de emigrantes rusos y nacido en Bélgica, dedicó su vida a la revolución, a la que no se pudo unir hasta 1919, año en el que se le permitió viajar a Rusia. Trabajó con Gorki y con Zinoviev, participando activamente en los primeros años de cambio político que se produjo en el país. Admirador de Lenin, pero muy crítico con la represión que se inició desde los primeros años (Kronstadt, organización de la Cheka, etc.), toda su obra, incluida la de ficción, da testimonio de su integridad intelectual y de su espíritu crítico con los resultados de la Revolución.

La Revolución Rusa en la Biblioteca de la UNED

Gracias, Finlandia, de Xavier Melgarejo.

Leire Frisuelos

La educación es uno de los pilares básicos en los que se sustenta una sociedad. Una sociedad formada es sinónimo de una ciudadanía libre, con futuro y poder de decisión, capaz de enfrentarse a problemas, dotada de recursos para solucionarlos e, incluso me atrevería a añadir, feliz. Por ello, la educación debería ser uno de los asuntos que más nos preocuparan a los ciudadanos en nuestro país, quienes debiéramos participar activamente de ella y luchar por un sistema de calidad.

El sistema educativo español es objeto permanente de debate y crítica, como demuestra el cambio constante en la legislación que lo rige desde el fin del franquismo. Las pruebas de evaluación internacionales a las que se somete nuestro sistema, entre las cuales los informes PISA es la más conocida, arrojan resultados muy poco favorecedores para nuestro país al situarnos muy por debajo de la media europea en rendimiento escolar en las distintas competencias (en España el índice de fracaso escolar se sitúa en torno al 20% en la actualidad).

Plataforma Editorial

En el entorno europeo, el país que mejores resultados obtiene desde 1980 es Finlandia. Y esto no solo es debido a su renta per cápita, su baja densidad de población o su envidiable estado del bienestar, ya que si lo comparamos con la situación de otros países escandinavos como Noruega, Suecia o Dinamarca, con economías y sociedades muy similares, observamos que los resultados de estos últimos distan bastante de los de Finlandia. ¿A qué se debe entonces el éxito del modelo finlandés? A esta pregunta responde el libro del profesor, psicopedagogo y orientador escolar Xavier Melgarejo, quien ha dedicado años a trabajar en su tesis doctoral sobre el sistema educativo de este país.

Para Melgarejo, el sistema educativo está constituido por tres subsistemas interdependientes que, idealmente, deberían retroalimentarse y funcionar de manera conjunta para lograr el mismo objetivo. Estos subsistemas son: el subsistema escolar, el subsistema familiar y el subsistema sociocultural. El primero estaría formado por el personal docente y los recursos materiales; el segundo por los componentes del núcleo familiar y los recursos económicos con los que cuenta; y el tercero, por las estructuras culturales y sociales de cada región: museos, bibliotecas, centros lúdicos, deportivos, etc. Cada uno de los subsistemas son imprescindibles para el funcionamiento del conjunto, que se ve resentido cuando alguno de ellos falla, como sucede en el caso español con el subsistema familiar. Por lo tanto, cuanto más unidos trabajen estos subsistemas, mejor funcionará el sistema educativo global.

Las claves del éxito finlandés

Dos son las claves fundamentales que posibilitan los resultados del país nórdico. La primera de ellas es el fuerte arraigo que tiene la importancia de la educación en su sociedad y en su cultura, considerada una responsabilidad primero familiar y luego escolar, y en torno a la cual existe un amplio consenso a nivel político y social. Este espíritu no es algo que pueda inculcarse de un día para otro, pero sin duda las administraciones podrían ser conscientes de la necesidad del cambio y dar pasos en esta dirección.
La segunda clave y, quizá la más importante, es el proceso selectivo y la formación que reciben los futuros docentes. En primer lugar, la selección se realiza antes de empezar los estudios de magisterio y no después, como sucede en España. Para entrar en este proceso selectivo hay que tener una nota media de nueve. La selección de currículums es realizada por la Universidad del país con mayor competencia en educación que, además de un excelente expediente académico, busca en ellos experiencia en voluntariado u otras actividades que demuestren empatía o conciencia social. Después, los elegidos deben someterse a un examen de ingreso que consta de diferentes pruebas: una entrevista, la explicación en el aula de un tema concreto, el comentario de un libro, una prueba de carácter artístico o musical, una prueba de matemáticas y otra de competencia en el uso de la tecnología de la información.

 Los alumnos seleccionados recibirán una formación teórica con especial incidencia en la didáctica,  más de seiscientas horas de prácticas en centros escolares y una tesina final.

Al observar este riguroso proceso vemos cómo la profesión de maestro goza de un gran prestigio social, ya que solo pueden optar a ella los mejores estudiantes, la élite, a quien se le encarga la gran responsabilidad de educar a las generaciones futuras.

Propuestas para España

Una vez analizado el sistema finlandés, Melgarejo es consciente de que este no puede ser traspuesto tal cual a España, ya que son muchas las diferencias entre ambos países. Sin embargo, hay muchas medidas que sí se podrían poner en marcha actualmente en nuestro país y que significarían un gran avance en la conquista de un sistema educativo de calidad. Así las sintetiza el autor:

  • Luchar contra la pobreza infantil. Conseguir una sociedad más igualitaria es imprescindible para asegurar la calidad de la educación
  • Reconocer y amparar una gran libertad para organizarse y definir lo que es una familia.
  • Fomentar la responsabilidad familiar en la educación de los hijos, hasta conseguir que la sociedad en su conjunto asuma que las familias son más responsables de la educación que las propias escuelas. Esta es la gran tarea pendiente en España.
  • Fomentar intensamente el hábito de la lectura en el ámbito familiar, ya que se ha demostrado la relación entre la cantidad de libros en casa y la mejora de los resultados en los informes PISA.
  • Crear los mecanismos estatales que garanticen la compatibilidad laboral y la vida familiar, de forma muy especial para las mujeres.
  • Incentivar la formación permanente de la población adulta, por gran su valor ejemplar ante los niños y para evitar la dura realidad del bajo nivel de estudios de más de la mitad de la población española.

Melgarejo Draper, Xavier. Gracias, Finlandia. Barcelona: Plataforma Editorial, 2013.