Charlotte

Elodia Hernández

Charlotte Salomon fue una pintora alemana asesinada en Auschwitz. Su infancia estuvo marcada por la enfermedad y el suicidio de su madre (aunque a ella siempre le dijeron que había muerto por la gripe). Desde su nacimiento, la muerte estuvo presente en su vida: Charlotte aprendió a leer su nombre en la tumba de su tía, que se llamaba como ella.
En su juventud, sufre el ascenso del nazismo. Su familia es declarada cien por cien judía y desde el principio, a su padre (médico y profesor en la universidad) y a su madrastra (cantante de ópera) les prohíben trabajar. A pesar de ser judía, es admitida en la Academia de Bellas Artes de Berlín. Entremedias vive una historia de amor con Alfred, el profesor de canto de su madrastra. Sin embargo, en 1938 se le niega un premio que otorga la Academia y se lo dan a otra estudiante, por miedo a llamar la atención de las autoridades si se lo dan a una judía.
Cuando la situación se hace insostenible, deciden que Charlotte  vaya al sur de Francia, donde viven sus abuelos desde 1933, y sus padres huyen a Holanda. Durante un tiempo, vivir en esa zona será seguro, ya que forma parte de la Francia no ocupada. Allí, después de descubrir un secreto familiar que la marca, se dedica a pintar. Antes de ser detenida, le entrega a su médico una maleta llena de pinturas y le dice: «Es toda mi vida». Más tarde, será deportada a Auschwitz donde murió en 1943.
Foenkinos encuentra a Charlotte

En Charlotte (Alfaguara, 2015),  Foenkinos no se limita a escribir una biografía típica, en la que únicamente se cuenta la vida de la biografiada. A lo largo de toda la narración, el autor nos va dando pistas de la admiración que siente por esta artista y de cómo realizó la investigación para poder escribir su historia.
Charlotte está escrita de una forma muy peculiar: a través de frases muy cortas y cada una en un reglón, a modo de versos y estrofas. Para Foenkinos no se trataría de versos, sino más bien de respiraciones. De esta manera,  cuenta la historia de forma muy fluida y hace que queramos seguir leyendo para conocer a Charlotte y… seguir respirando. 
Además de rescatar la interesante vida de la artista, el autor introduce momentos en los que cuenta cómo descubrió ―por casualidad― a Charlotte Salomon en una exposición; la complicidad con ella desde el momento que ve sus dibujos; y cómo fue indagando hasta conocer su vida. Visitó todos los lugares que tenían relación con ella, excepto Auschwitz. En todo momento deja ver su admiración y la emoción que le hace sentir su obra.

Indudablemente, la vida y obra de Chalotte Salomon bien merecen ser conocidas, pero Foenkinos nos la cuenta de una forma muy personal y emotiva, aumentando su interés; es fácil percibir la fascinación que siente por ella. De hecho, desde el momento en que la descubrió, pensó en contar su historia, aunque aún tardaría algunos años en ser capaz de escribirla

Metafísica de los tubos

Teresa Merelo 

El mundo a través de los ojos de un bebé.  Pero no de un bebé cualquiera, sino de una niña especial, posiblemente superdotada, que durante los primeros dos años opta por vegetar, pues no encuentra nada interesante que le lleve a salir de ese estado, que se considera  a sí misma dios y que se percibe como un tubo, una estructura rígida con orificio de entrada y de salida por cuyo interior fluye el universo… ¡hasta que descubre el placer en forma de chocolatina!

“Los tubos son una singular mezcla de plenitud y vacío, de materia hueca, una membrana de existencia que protege un haz de inexistencia”

Esto es lo que nos propone  Amélie Nothomb en Metafísica de los tubos, una novela  con tintes autobiográficos,  donde narra la infancia de la protagonista durante sus primeros tres años en Osaka, en el seno de una familia de diplomáticos belgas.

Imbuida de la cultura japonesa  donde la infancia, desde el nacimiento hasta el parvulario, es una etapa muy especial,  nos habla de ese periodo en el que se siente omnipotente, poderosa y distante, como un dios.

“A su imagen y semejanza, me sentía preciosa y peligrosa, inofensiva y mortal, silenciosa y tumultuosa, odiosa y feliz, dulce y corrosiva, anodina y rara, pura y embargante, insidiosa y paciente, musical y cacofónica, pero, por encima de todo, más que cualquier otra cosa, me sentía invulnerable”

Desde ahí  nos plantea sus obsesiones,   sus gustos y rechazos;   las relaciones humanas con los seres más cercanos: sus padres y hermanos y su aya japonesa a la que le une un vínculo muy especial. La naturaleza es un personaje más del relato, siempre presente,  a veces como cambiante telón de fondo a través  del curso de las estaciones,  y otras veces con su protagonismo propio, y siempre contemplada  a través de los ojos de la protagonista  que se mantiene admirada ante su armonía y su belleza. Como iremos viendo, a pesar de lo limitado de su experiencia, este bebé es capaz de percibir,  interpretar y analizar el mundo y su vida  de un modo muy coherente.

Metafísica de los tubos es una novela desconcertante a ratos, divertida, irónica,  tierna y de lectura rápida pero no superficial,  pues su profundidad es manifiesta. Da pie para pensar y ver lo que hay más allá de las palabras. La autora nos propone  un relato capaz de encerrar reflexiones metafísicas en frases sencillas,  reflexionando  sobre temas como la infancia, el lenguaje, la vida y la muerte de manera lúcida,  ácida y humorística.

 “¿Por qué los dioses iban a ser inmortales? ¿En qué medida podía la inmortalidad convertir a alguien en divino? ¿Acaso es menos sublime la peonía por el hecho de marchitarse?”

Se trata de una novela corta (143 páginas) y la historia está relatada de manera amena, pero aunque es fácil de leer, es necesario hacerlo de manera tranquila para poder acceder a todo lo que la autora nos quiere transmitir.


Amélie Nothomb en la biblioteca de la UNED

El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida. Philippe Delerm


Miriam Martín Martín
El primer trago de cerveza es el único que vale la pena. Es un placer amargo: bebemos para olvidar el primer trago”. Así es este breve libro de Philippe Delerm: una inmersión en los pequeños detalles de la vida, esos que nos acompañan cotidianamente y en los que no reparamos, pese al placer que nos otorgan. Beber un oporto, ir a comprar pasteles, ver el Tour de Francia, un viaje en coche, son algunos de los momentos que narra el autor, con un lenguaje casi poético que nos incluye, haciéndonos experimentarlos a través de la lectura.

Las cosas materiales son importantes porque nos llevan a otros lugares y a otro tiempo, nos llenan de recuerdos. Los pequeños placeres de la vida suponen una breve pausa en el tiempo donde poder disfrutar tranquilamente, sin problemas ni preocupaciones. El acierto de Delerm es hacernos reparar en esa quietud pacífica del hogar, de lo familiar, de lo rústico, aderezada con placeres culinarios. Ese momento donde “tras un largo silencio de claro bienestar, alguien dice: sólo falta ir a buscar el pan”.

La gastronomía es una parte esencial en esta obra sosegada que nos habla de la paz que hay en lo rutinario: “Podemos sentarnos ante la mesa familiar y adoptar de inmediato ese ritmo indolente, relajante, que parece dictado por un metrónomo interior. Es fácil desgranar guisantes”. Delerm nos invita a recorrer las estaciones recogiendo moras, disfrutando de un banana split, saboreando una copita de Oporto.

Un libro donde lo importante del viaje se halla en el propio trayecto. En definitiva, un breve recorrido por el placer que nos aportan las pequeñas cosas, desde una mirada poética y calmada que nos hará volver a la infancia con el olor de las manzanas, sentir el frío del invierno mientras comemos un croissant en la calle o dejar que nos invada la nostalgia con el primer trago de cerveza, tras el cual ya nada será lo mismo.
 

HHhH, Laurent Binet.

Galardonada con el Premio Goncourt de primera novela en 2010, el título de esta obra hace referencia a la frase alemana “Himmler Hirn heisst Heydrich” [el cerebro de Himmler se llama Heydrich], y alude a lo que se decía del jefe de la Gestapo Reinhard Heydrich, sobre cuya ejecución por parte de la Resistencia discurre la obra. Entre otras lindezas también le llamaban “La bestia rubia”; como se dice en un momento de la novela: para entender a los alemanes de esa época sólo habría que comprender cómo ese apodo podría ser algo positivo.

Lo primero que se puede decir de esta novela es que, si te gustan las primeras páginas de HHhH, en menos de una semana la habrás finiquitado. Se lee rápido (podríamos considerarla un page-turner), es entretenida, aprendes historia sobre la II Guerra Mundial de un modo ameno y te identificas con personajes universales, tanto con los ficticios de la novela como con el que muestra el narrador-autor.

 Quizá no sea como para darle un premio, ya que la obra no presenta un uso novedoso del lenguaje, una estructura original y esas cosas que señalan los críticos que suponemos que algo tienen de razón. Pero está bien escrita. Y quizá podríamos aplicar esa máxima que alguien inventó que dice:

Si no tienes nada malo que decir de una novela, no la compares con Proust.

 HHhH, Laurent Binet. Barcelona: Seix-Barral, 2011.