Historias de cronopios. Julio Cortázar

Leire Frisuelos

Pese a que el año Cortázar acaba de terminar con 2014, en esta Biblioteca nos gusta pensar que todos los años pueden ser años Cortázar. Por este motivo os traemos ahora la archiconocida Historias de cronopios, efeméride fuera de tiempo, una especie de “feliz no cumpleaños”, como celebrara Alicia junto al sombrerero loco y compañía, confiando en que este hecho no desentona con el espíritu del libro.

Si algo destila este libro, es libertad creadora. El autor no se somete, no parece que esté pensando en agradar a nadie. En estos tiempos de postureo literario y resaca de narrador post-postmoderno, es reconfortante acercarse a textos escritos porque sí, sin condicionantes ni titubeos, con el propósito primero de divertirse el propio autor y, si de paso el lector también lo hace, tanto mejor, pero si no, tampoco importa demasiado, o al menos esa es la sensación que transmite Historias de cronopios. De esta libertad es de donde procede su fuerza y su convicción, su capacidad para crear un universo coherente y cerrado.

Historias de cronopios (1962) reúne una colección de relatos breves en los que Cortázar da rienda suelta al juego, esa constante en la obra del argentino que aquí se despliega sin cortapisas, ejerciendo de hilo conductor entre los diferentes textos. A lo largo de las cuatro secciones en las que se articula el libro, Manual de instrucciones, Ocupaciones raras, Material plástico e Historias de cronopios y de famas, que da título en parte al volumen, el lector entra en el juego cortazariano construido con humor, absurdo y surrealismo.

Cortázar plantea una lógica trastocada de los objetos y las acciones cotidianas, en las que introduce una mirada de extrañamiento conseguida al cambiar el foco habitual desde el que estos elementos son observados. Así, es capaz de ofrecernos instrucciones para subir una escalera, para dar cuerda a un reloj e incluso para llorar. El hallazgo en algunos de estos textos está en el grado de detalle en la descripción de procesos naturales, realizados casi de manera automática por el individuo. Además, el estilo científico y la prosa enciclopédica aplicados a hechos banales hacen despertar el humor donde parecía imposible encontrarlo:

“Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables.” 

En otras ocasiones, los objetos se personifican para poseer al ser humano y no al contrario, como en Instrucciones para dar cuerda a un reloj: ”no te hacen un regalo, tú has sido el regalado”.

Por otro lado, hay una presencia importante de lo inquietante y de la angustia, rasgo distintivo de algunos narradores latinoamericanos como Juan José Arreola o Felisberto Hernández:  así lo sentimos en relatos como Tía con miedo a caer de espaldas o Instrucciones para tener miedo. Ligado a la angustia aparece el absurdo, un elemento presente en toda la obra de Cortázar, que llevará a una familia a construir sin motivo aparente un patíbulo en la puerta de su casa durante varios días; o a infiltrarse en “velorios” de muertos desconocidos y desplegar toda una puesta en escena de compadecimiento y lloro frente a sus familiares y amigos porque sí.

El lector de esta obra debe entrar en el juego que propone el autor y debe hacerlo sin miedo, con confianza, dejándose llevar para poder formar parte de ese universo raro, y reírse, extrañarse e inquietarse a partes iguales. No se puede disfrutar este libro si no es de esta manera; es preciso volverse algo cronopio, quitarse el antifaz y los relojes y tener mucho cuidado al subir las escaleras.

Octaedro. Julio Cortázar

Antonio Ortega

Publicado en 1974, Octaedro reúne, como su propio título indica, ocho historias disímiles que, sin embargo, podrían ser partes integrantes de una totalidad, las caras de una misma figura. Cuando parecía que Julio Cortázar lo tenía difícil, después de una serie de libros y cuentos magistrales, fue capaz de deslumbrar de nuevo a sus lectores con unos relatos no ya de altísima calidad, sino renovadores de un género que se juzgaba ya casi sin vías posibles de cambio y ampliación.

Cubierta de la ed. de Civilizaçao Brasileira,
 Rio de Janeiro, 1975

Ocho cuentos en los que, fijando sus obsesiones personales y las que surgen del tiempo que le tocó vivir, se muestra una multiplicad evidente de temas, estructuras y modos de lenguaje. El lector se va a encontrar, a la vez, con aburridos matrimonios y con amores ardientes; con viajes e itinerarios tan usuales y cotidianos como con otros violentos e impetuosos; desde misterios y enigmas literarios y existenciales hasta momentos tan mundanos y conmovedores como son la pena y el llanto ante el dolor y la soledad. Son las caras diferentes de un poliedro dibujado con un lenguaje que se ciñe a la naturaleza propia de cada relato, y donde es que es capaz de encontrar esa difícil unidad que nace de lo diverso. Esta capacidad es la que concede excepcionalidad a este volumen de cuentos imprescindibles.
  Los cuentos que componen Octaedro, actúan a modo de agentes instigadores ante un lector que trata de entender sus significados. Cortázar no deja ninguna duda sobre sus intenciones y las de sus historias, alentando al lector a hacer frente a diferentes cuestiones, entre ellas a las pérdidas producidas por la soledad, la nostalgia y la vida. Las sorpresas propias de cada historia y sus conectividades, crean una especie de juego de ansiedad en cada lector: ¿qué curso tomará el relato, la historia, en el siguiente párrafo? ¿qué algo más hay que no hayamos alcanzado a entender? Tomemos como ejemplo Liliana llorando, donde el narrador nos presenta cómo sería el antes y el después de cada personaje tras su muerte para, en seguida, hablar de un presente tan poético como imaginativo. Cada uno de nosotros en nuestro propio lecho de muerte, viviendo y tratando de saber cómo sería el/nuestro sufrimiento en esos momentos finales en los que todavía alcanzamos a respirar.

  Historias que, entre lo irreal y lo fantástico, tratan de transformar lo abstracto en concreto a través de los deseos de cada personaje. La figura del octaedro viene a sugerir el juego que permite mostrar una misma situación desde diferentes ángulos, uno para cada uno de los relatos, allí donde aparecen esos temores que cualquier persona asume y reconoce dentro de una rutina ordinaria totalmente realista. Como en Verano serían esas pequeñas conexiones que, desde el subconsciente, nos hacen escuchar voces en la noche o, incluso, ver las sombras que pasan por la puerta cuando el sueño no viene, algo impalpable que causa la impotencia de sus personajes ante lo desconocido. Es la ampliación de lo cotidiano por medio de “lo otro”. Lo cotidiano visto casi a través de los ojos de un niño y de una percepción adulta en Manuscrito hallado en un bolsillo, donde se exploran los pequeños detalles que se ven reflejados en una ventana del metro, en un juego con los cambios y las posibles interpretaciones de las imágenes vistas durante un viaje único. Las reflexiones que fluyen entre una estación y otra mientras los personajes reviven unos recuerdos distantes, pero a la vez, palpables y casi táctiles.

Imagen de Steven Zucker del cuadro de Magritte.

En Ahí pero dónde, cómo, el relato de dos voces en una sola es su gran atracción, como un homenaje a la muerte del cuento o una especie de negación de su propio formato. La referencia que cita el famoso cuadro de Magritte (Esto no es una pipa) muestra su intención desde el inicio, con una historia ambivalente y condenada a un fin prematuro. En Las fases de Severo, la polivalencia del enigma, es casi una repetición temática de la historia que abre el libro, donde hay, sin embargo, un punto de vista diferente sobre el mismo tema: la enfermedad. Esta enfermedad, que es el tema principal y que está expuesta de forma totalmente dramática, toma un rumbo imprevisto al ser descrita desde situaciones llenas de humor.

  Rompiendo y quebrando la linealidad y el formato tradicional del relato corto, Cortázar entrega a los lectores una suerte de desafío, no sólo mental, sino también de lectura. Lejos del laberinto habitual de las costumbre, su capacidad creativa recrea y levanta ese pequeño universo que existe en cada uno de sus personajes, de esos exploradores del infinito que son los seres humanos. Este volumen de cuentos, nos muestra a Cortázar en un nuevo momento de su creatividad. Con un mínimo de elementos formales, parte de un núcleo central que nos lleva a situaciones poco comunes dentro de la existencia humana, universos aislados y solos, rodeados de fuerzas acaso amenazadora, acaso misteriosas. De pronto, de repente, en el día a día de la realidad más familiar o cotidiana, más banal, aparece o se introduce lo insólito.

 Asistimos a la desintegración y lenta descomposición del mundo exterior, a la llegada de lo extraño. Son cuentos que se rebelan contra la lógica implacable y la coherencia aparente, contra la claridad pragmática del mundo para introducirnos e implicarnos en lo fantástico: lo real es interpretado como algo inseparable de lo imaginario, haciéndonos reconocer la existencia de otra realidad, de otro orden de cosas que no llegamos a saber o que desconocemos. Lo que finalmente alcanza a conseguir Cortázar en este impresionante libro, es crear nuevas leyes para interpretar la realidad de nuestra existencia, nuevas leyes contra el determinismo y la alienación que nos impone la vida cotidiana.

Julio Cortázar. Octaedro. Madrid: Alfaguara, 1997. Biblioteca Cortázar.

Argentina: un verano de libros y viajes

Leire Frisuelos

En la tercera semana de nuestro viaje llegamos hasta Argentina. Junto a los grandes autores hemos querido incluir a otros escritores de reconocida trayectoria que no gozan de tanta fama entre el gran público.

Un buen comienzo es sin duda Plata quemada, del escritor argentino Ricardo Piglia. La historia está basada en un hecho real: el robo de un banco en la provincia de Buenos Aires en 1965. Es una novela policíaca que cumple con los elementos propios del género (malhechores que huyen y policías que persiguen, tensión e intriga hasta el final), pero que posee una estructura poco corriente en este tipo de libros, ya que cada personaje cuenta la misma historia desde su punto de vista personal. Piglia, que accedió a material confidencial para escribir esta novela, compone un relato apasionante que no podrás dejar de leer.

Juan Rodolfo Wilcock, publicó en 1972 La sinagoga de los iconoclastas, libro de título desconcertante que ofrece una galería de personajes estrafalarios, vidas singulares y biografías imaginarias de inventores, utopistas, teóricos y otros caracteres bizarros. La poderosa imaginación de este autor argentino emigrado a Italia nos ofrece historias como la del hipnotizador y telépata filipino José Valdés y Proum; la del inventor de la trampa para ratones con célula fotoeléctrica y guillotina o la de Aram Kugiungian, armenio emigrado a Canadá que estaba reencarnado en miles de personas. Es ante todo un libro con un gran sentido del humor, concebido para divertir al lector y que Roberto Bolaño calificó como uno de los mejores libros escritos en el siglo XX.

Ernesto Sábato, El túnel. En esta novela el narrador es el asesino, un pintor que cuenta en primera persona los motivos que le llevaron a terminar con la vida de María Iribarne. El libro indaga en la obsesión del protagonista y en la presión a la que su víctima es sometida, creando un clima asfixiante y opresivo que engancha al lector irremediablemente. Publicado en 1948, esta novela supondría el reconocimiento internacional para Sábato.

“…en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío”

Llegamos a Julio Cortázar, era imposible que no apareciera en este post. En esta ocasión comentamos la publicación que la editorial RM ha realizado de La vuelta al día en ochenta mundos y Último round, en una versión facsimilar de las ediciones originales 1967 y 1969 respectivamente), con diseño de Julio Silva. Estas míticas “obras almanaque”, que en España se publicaron en unos inconfundibles volúmenes estrechos y alargados, son libros collage en los que se mezclan prosa, poesía, imágenes y distintos tipos de expresión artística. Una edición muy cuidada para cronopios e incondicionales.

Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington. ¿Qué podrían tener en común la vida de James Barrie, autor de Peter Pan, y el mundo del pop londinense de los años sesenta? Fresán lo explica en esta original novela cuyo narrador, un escritor de libros infantiles, cuenta a lo largo de una lisérgica noche la historia de Barrie y la suya propia. La pericia narrativa de este autor argentino, uno de los mejores escritores en lengua española de los últimos años, hace que dos mundos en apariencia distantes encajen perfectamente creando un universo único en la mente del lector.

En el vestíbulo de la Biblioteca encontrarás estos libros y muchos más, además de cine y música, que podrás llevarte en préstamo si lo deseas.

México: un verano de libros y viajes

Leire Frisuelos

Este verano desde la Biblioteca Central os proponemos una serie de recorridos literarios por diferentes países. Cada semana elegiremos un país y seleccionaremos libros relacionados con él, todos ellos imprescindibles en vuestro equipaje si viajáis al destino seleccionado y, si no, también. Esta semana se la dedicamos a México.

Comenzamos con Confabulario definitivo, del autor mexicano Juan José Arreola. Este libro es una recopilación de cuentos breves dotados de una asombrosa capacidad para provocar inquietud en el lector, quien descubre al final del texto que nada era como se le había hecho creer hasta ese momento. En muchos de los cuentos el autor crea tensión e incertidumbre acudiendo a objetos y situaciones de la vida cotidiana, a primera vista banales, para mostrarnos que todo puede tener un lado perturbador. En otros, predomina el juego y la alegoría humorística y burlesca. En cualquier caso, no te dejarán indiferente.

La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida    indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible. (De “La migala”)

Uno de los clásicos que no puede faltar al hablar de este país es Pedro Páramo, de Juan Rulfo, única novela de este autor y obra cumbre de la narrativa latinoamericana del siglo XX. Publicada en 1955, esta magistral obra transcurre en  Comala, una pequeño pueblo mexicano situado “sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno”. Hasta aquí llega Juan Preciado en busca de su padre, un tal Pedro Páramo al que no conoce. En una atmósfera desértica y asfixiante, donde convergen los límites de lo real y lo irreal, asistimos a todo un entramado de historias, voces narrativas y saltos cronológicos que marcaron un antes y un después en la narrativa de su tiempo.

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo.

El gesticulador: pieza para demagogos en tres actos, es una obra de teatro escrita por Rodolfo Usigli en 1938. Cancelada por las autoridades al poco tiempo de su estreno, cuenta la historia de César Rubio, un profesor universitario al que confunden con un héroe desaparecido de la Revolución Mexicana. Ante esta situación, el profesor opta por no deshacer el equívoco y se hace pasar por el general revolucionario. La máscara adoptada le permite lanzar una feroz crítica contra el régimen político del momento a la vez que sirve para desencadenar el conflicto de la obra.

CÉSAR: “De modo que usted enseña historia latinoamericana, profesor?
BOLTON: Es mi pasión; pero me interesa especialmente la historia de México. Un país increíble, lleno de maravillas y de monstruos”.

Parada obligada es Octavio Paz y El laberinto de la soledad, uno de los ensayos más conocidos del famoso premio Nobel. Este texto es un excelente punto de partida para todo el que desee acercarse a la cultura mexicana. Paz reflexiona sobre las raíces e identidad del pueblo mexicano, sobre su esencia, sobre las características definitorias de la “mexicanidad”. Y además lo hace empleando un estilo poético en su justa medida, que provoca una lectura amena y aleja este ensayo de la aspereza que a veces se otorga al género.

La soledad, el sentimiento y conocimiento de que uno está solo, excluido del mundo, no es una característica exclusivamente mexicana

Bajo el volcán es la novela más famosa del autor inglés Malcolm Lowry, quien pasó parte importante de su vida en México. Protagonizada por el ex cónsul británico en este país, alcohólico al igual que Lowry y trasunto suyo en la novela. La acción se desarrolla en Cuernavaca en 1938, a lo largo de un viaje que tiene lugar en el día de difuntos. Viaje que acabará convirtiéndose en proceso de autodestrucción y descenso a los infiernos personales del protagonista-autor.

… palabras que, a pesar de que acaso eran un juicio inapelable, no producían, sin embargo,emoción alguna, salvo una suerte de agonía descolorida, fría, blanca; agonía tan helada como aquel helado mezcal que bebiera en el Hotel Canadá la mañana en que Yvonne se marchó.

Llegamos al final del trayecto con Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Desde la aparición de este libro en 1998, México y el autor chileno han quedado definitivamente unidos en el imaginario literario de todos sus lectores. México D.F. es testigo de las experiencias de los jóvenes poetas “real visceralistas”, a los que siempre recordaremos montados en el Impala blanco, surcando el desierto de Sonora en su viaje en pos de la poeta Cesárea Tinajero. No por casualidad esta novela ya había hecho aparición en El Marcapáginas.

… Y después Lima hizo una aseveración misteriosa. Según él, los actuales real visceralistas caminaban hacia atrás.¿Cómo hacia atrás?, pregunté.
De espaldas, mirando un punto pero alejándose de él, en línea recta hacia lo desconocido.

En el vestíbulo de la biblioteca encontrarás estos libros y muchos más, además de cine y música, que podrás llevarte en préstamo si lo deseas.