Obras musicales malditas

Los contratiempos y desgracias que han rodeado a muchas obras musicales, las han convertido en malditas. Algunas de las más conocidas son La maldición de novena sinfonía de Beethoven, o la de la ópera La fuerza del destino de Giuseppe Verdi . También hay obras cuyo argumento gira entorno a una maldición como El holandés errante de Wagner o Rigoletto de Verdi.    

“La maldición de la novena” es una de las supersticiones más temidas, que aseguraba que cualquier compositor, de igual forma que le sucedió a Beethoven en 1827, moriría durante o después de escribir su novena sinfonía.

Antes de la existencia del genial Ludwig van Beethoven (1770-1827) y cambiar el curso de la historia de la música, otros compositores como Haydn (1732-1809) o Mozart (1756-1791) superaron con creces las nueve sinfonías: Haydn escribió 104 y Mozart 41. De la maldición se comenzó a hablar después de morir Beethoven, en un tiempo en el que se acababa el clasicismo, dejando atrás a la ilustración y al pensamiento racional, e irrumpía el romanticismo. Los extremos de la emoción, a través de la exaltación de los sentimientos y de lo sobrenatural se manifestaron en la música.

La novena sinfonía de Beethoven es una obra maestra adelantada a su tiempo y convertida en un símbolo de la libertad y fraternidad en el ideario romántico. Al mismo tiempo la intención de célebres músicos de componer nueve sinfonías en vida, se convirtió en un reto y una constatación de la plenitud de su carrera, que contribuyó a alimentar la superstición. La casualidad otorgó veracidad a este maleficio durante 129 años, desde que se estrenó La novena de Beethoven en 1824, hasta la presentación al público de la Sinfonía nº 10 de Dimitri Shostakovich, en 1953, que acabó definitivamente con la maldición. 

Franz Schubert (1797-1828), Alexandr Glazunov (1865-1936) y otros tres grandes músicos: Dvorak (1841-1904), Bruckner (1824-1896), y Gustav Mahler (1860-1911), que mientras trataban de esquivar a la muerte compusieron tres novenas colosales, fueron algunos de los afectados. Sin embargo, hay inexactitudes porque la numeración de las sinfonías no era como la conocemos actualmente. Había algunas que no se habían publicado, que se han conocido después, a través de investigaciones musicológicas, y han afectado a toda la numeración de la obra del autor. Por ejemplo, Schubert sólo compuso siete sinfonías y murió después de empezar a componer su octava, La inacabada, que dejó incompleta con dos maravillosos movimientos. 

Antolín Dvorak sí murió después de componer su novena, conocida como La sinfonía del nuevo mundo, pero en su época se publicó como quinta, porque otras anteriores no se habían publicado. 

Gustav Mahler y su famosa esposa Alma Mahler eran muy supersticiosos y la historia de la novena sinfonía llegó a preocuparles cuando el compositor acabó su octava en 1906, una inmensa obra conocida como La Sinfonía de los mil con una enorme orquesta y masa coral. Después de estrenarla en 1910 se dispuso a componer la que sería su novena, pero para intentar evitar la maldición la llamó La canción de la tierra, un ciclo de canciones en forma de sinfonía. Poco después pensando que había esquivado a la parca comenzó a escribir su novena y le sobrevino la muerte. 

Anton Bruckner murió mientras escribía el último movimiento de su novena sinfonía. Bruckner era un gran admirador de Beethoven y su novena está escrita en la misma tonalidad que la de Beethoven, en Re menor, y se inicia con una indefinición tonal similar a aquella.  

A Dmitri Shostakovich se le atribuye haber acabado con “La maldición de la novena”, llegando a componer quince sinfonías, tras protegerse del maleficio escribiendo una satírica y burlesca novena

La Fuerza del Destino, es una de las óperas más teatrales y complejas de Giuseppe Verdi (1813-1901), sobre la que pesan toda clase de supersticiones. Su estreno tuvo lugar en San Petersburgo en 1862 tras posponerse el año anterior. La  gran cantante Angiolina Bossio, elegida para interpretar a Leonora, la protagonista, murió repentinamente  y la soprano que la reemplazó enfermó días antes del estreno.   

La ópera está inspirada en la obra de teatro Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) de Ángel de Saavedra y en cuatro actos narra un trágico romance en la Sevilla del siglo XVIII.  Después de la primera temporada, Verdi encomendó a su libretista  Francesco María  Piave algunas modificaciones. La obra resultaba demasiado dramática para el gusto del público. Piave sufrió una parálisis y la versión definitiva de la opera la tuvo que terminar Antonio Ghislanzoni. 

La mala suerte que arrastraba  La fuerza del destino reapareció en 1960, durante una función en el MET de Nueva York. El  barítono estadounidense Leonard Warren murió en el escenario mientras cantaba el aria Urna fatale del mío destino que comienza con el recitativo Morir, tremenda cosa. El público pensaba que estaba actuando y tardó en darse cuenta de la tragedia.  

Otra ópera en la que vamos a detenernos es El Holandés Errante o El buque fantasma de Wagner, con un argumento que gira en torno a la maldición de un marino condenado a navegar eternamente. Por su duración relativamente corta (dos horas y media) está considerada como una de las obras más accesibles del músico. Es una ópera entre el romanticismo alemán y el nuevo universo musical que inaugurará Wagner en posteriores obras. Recoge algunos de los grandes temas que obsesionaron a Wagner durante toda su vida, como el poder redentor del amor. 

La ópera Rigoletto está basada en El Rey se divierte de Víctor Hugo, una obra muy polémica que fue prohibida al día siguiente de su estreno por ser muy crítica con la monarquía y la nobleza. La fuerza emocional del drama y el perfil psicológico de los personajes era tan profundo, que Verdi, se empeñó en seguir adelante  pese a todas las trabas que sabía que le iba a poner la censura. Después de cambiar el título de la ópera, que en un principio era La maledizione (La maldición), situar la acción en diferentes lugares y modificar el nombre de los personajes, para que no fuera tan evidente el vínculo con la obra de Victor Hugo,  Rigoletto se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1851.

La ópera es una perfecta mezcla entre vitalidad, tragedia y situaciones enormemente humanas e impactantes, con la que Verdi afianzó su estilo ha musical de madurez. Hasta entonces, la ópera italiana se encontraba estancada por la función ornamental que desempeñaba el canto, y por la censura que imponía vestuarios, gustos escénicos y libretos.

Rigoletto, el protagonista de la ópera, por el que Verdi sentía una pasión especial, es  interpretado por un barítono, algo poco habitual. Rigoletto, es un bufón deforme, desgraciado y mordaz que vive atemorizado por una maldición proferida por el Conde de Monterone en el primer acto –»Y tú, serpiente, tú que te ríes del dolor de un padre, ¡maldito seas!»- que  reaparece y acecha durante toda la obra para culminar en su dramático final. 

Recordaros que en la Biblioteca UNED están a vuestra disposición, en distintos formatos y versiones, todas las obras musicales de las que hemos hablado.También echad un vistazo a la lista de Spotify que hemos preparado sobre estas obras malditas, en la que hay una selección de oberturas, arias y números de conjunto de las óperas y movimientos de las sinfonías citadas.

Foto de Studio Blackthorns en Unsplash

Cristóbal Halffter (1930-2021): “La música vive su vida casi ajena a ti mismo”

El pasado domingo 23 de mayo falleció el compositor y director de orquesta español Cristóbal Halffter. El músico ha sido un referente en la composición española, representando la vanguardia musical con una importante proyección internacional. Sus testimonios sobre su obra y su pensamiento nos ayudan a entender su música, impregnada de un lenguaje personal originado a través de la experimentación musical, sin dejar de lado a la tradición. Fue miembro destacado de la Generación del 51, grupo de músicos entre los que también destacaron Luis de Pablo, Carmelo Bernaola o Antón García Abril, que revolucionaron el panorama musical español con nuevas técnicas musicales como el dodecafonismo y el serialismo.

Halffter dirigió importantes orquestas europeas y americanas como la Filarmónica de Berlín, la Sinfónica de Londres o la Nacional de España entre otras. Su prestigio le llevó a recibir en 1981 la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Fue Premio Nacional de Música en 1989 y era miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes, de la Academia de las Artes de Berlín y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Nació en Madrid en 1930 dentro de una familia de músicos. Sus tíos, Ernesto y Rodolfo Halffter, destacaron en dirección y composición musical. En la actualidad su hijo Pedro Halffter Caro, director de orquesta y compositor, ocupa el cargo de director artístico del Teatro de la Maestranza de Sevilla.
El origen alemán de su padre permitió que la familia se refugiara en Alemania durante la Guerra Civil Española. El músico recordaba cómo siendo un niño, se le obligó, desde la escuela donde estudiaba en Baviera, a participar activamente en la Noche de los cristales rotos en 1938. Todas estas vivencias le hicieron tomar conciencia contra el nazismo, el fascismo y la dictadura.

Mi obligación, mi compromiso social es, en este caso, ser fiel a mí mismo y tratar de dejar las cosas escritas tal como las siento y veo. Sería un fraude no dejar tu trabajo hecho lo mejor posible. De acuerdo con mi profundo parecer, la ética tiene que ir unida a la estética y la ética es al fin y al cabo un concepto espiritual.

De regreso a Madrid, Halffter cursó composición en el Real Conservatorio de Madrid. En 1951 acabo sus estudios justo el año que da nombre a la generación que ha pasado a la historia de la música española contemporánea. La búsqueda de una nueva música española alejada del folklorismo, de los nacionalismos y del neoclasicismo imperante, llevó a la nueva generación de inquietos e incomprendidos músicos a la escuela de música de Wolfgang Steinecke en Darmstadt, donde compartieron estudios e ideas con otros creadores como Stockhausen, Luciano Berio, Ligeti o Boulez.
Su extensa obra, más de un centenar de composiciones, consta de música coral, de cámara,  electrónica y grandes obras sinfónicas. En su amplio catálogo de obras sobresalen títulos como MicroformasLíneas y puntosAnillosRéquiem por la libertad imaginadaElegía para la muerte de tres poetas españoles, dedicada a Antonio Machado, Miguel Hernández y García Lorca, Concierto para violonchelo nº 2 (escrito para su amigo Mstislav Rostropovich) así como las óperas Don QuijoteLázaro y Schachnovelle (La novela del ajedrez).
A la ópera llegó en la madurez, no encontraba un espacio donde poder estrenar ni quien le escribiera lo que quería. Su ópera sobre la figura de Don Quijote la planeó después de proponérsela a varios escritores entre ellos Antonio Buero Vallejo. En 1995 los responsables del Teatro Real de Madrid le propusieron escribir una ópera sobre El Quijote. Con la colaboración de Andrés Amorós se valió del mito quijotesco para expresar sus ideas. Nunca una obra le había llevado tanto tiempo, pero el proyecto exigía ser muy riguroso por la responsabilidad de inspirarse en la figura mítica de El Quijote, tan significativa en la tradición cultural española.
El compositor confesaba su preferencia por el mundo sinfónico, probablemente por su condición de director de orquesta y por la atracción hacia las grandes masas instrumentales y vocales, de mayor riqueza tímbrica y dinámica. En 1968 Naciones Unidas le encargó una obra, la Cantata Yes, Speak out, para conmemorar el vigésimo aniversario de la Declaración de Derechos Humanos. Su preocupación por la degradación de los mismos la plasmó en su tercera ópera La novela del ajedrez, su última gran obra estrenada en 2013 y basada en la novela del mismo título del escritor austriaco Stefan Zweig.
Era un hombre de una gran preocupación social e intelectual con una gran profundidad de pensamiento, comprometido con su profesión y su obra: “Necesito sentir que lo que hago tenga una ética de comportamiento propio, una ética social”, “Mi obligación, mi compromiso social es, en este caso, ser fiel a mí mismo y tratar de dejar las cosas escritas tal como las siento y veo. Sería un fraude no dejar tu trabajo hecho lo mejor posible. De acuerdo con mi profundo parecer, la ética tiene que ir unida a la estética y la ética es al fin y al cabo un concepto espiritual”.
Sobre la creación musical pensaba que “La música vive su vida casi ajena a ti mismo, tú pones en marcha una sonoridad que se desarrolla en el tiempo, pero llega un momento en el que dejas de controlarla y comienza a evolucionar por sí misma y entonces tú debes limitarte a seguirla sin entrometerte o interrumpir ese proceso que se rige por sí mismo”.

Cristina Fernández

Nos vamos de concierto

Habitualmente nos referimos a un concierto como a cualquier interpretación musical en directo. Sin embargo, en un contexto musical más especializado se trata de una forma musical que ha ido evolucionando a lo largo de la historia, y que está concebida para el lucimiento de uno o más instrumentos solistas a los que acompaña un grupo orquestal.

El concierto nació en Italia y en su origen era una composición coral con acompañamiento preferentemente de órgano. Posteriormente, en el Barroco, surgió el concerto grosso (gran concierto en italiano), que establecía un diálogo contrastado entre un pequeño grupo de instrumentos solistas, denominado concertino, y otro más grande que constituía la masa orquestal restante, el ripieno (relleno). Este grupo principal solía estar formado por el clave y una orquesta de cuerda-frotada. En el concertino nunca faltaba el violín y podía haber flauta, violonchelo y otros instrumentos de la época como la tiorba o la mandolina.

El violinista y compositor Arcangelo Corelli (1653-1713) se hizo muy famoso en toda Europa por sus concerti grossi entre los que encontramos el Concierto de Navidad nº 8 op. 6. El Adagio es muy conocido porque forma parte de la banda sonora de la película Master and commander.

Antonio Vivaldi (1678-1741) desarrolló el Concierto a solo, en el que un instrumento, que solía ser el violín o la flauta, se oponía a la pequeña orquesta. Sus conciertos son un espectáculo de virtuosismo de un colorismo y sensualidad muy refinados.

En la época en que Vivaldi componía en Italia sus aclamados conciertos Las cuatro estaciones del año, en Alemania Johann Sebastian Bach (1685-1750) escribía los maravillosos Conciertos de Brandenburgo

Las Cuatro estaciones son conciertos para violín y orquesta que se publicaron junto con unos poemas que narran escenas inspiradas en la naturaleza, siendo uno de los ejemplos más tempranos de lo que después se llamaría música programática o descriptiva. La frescura de sus melodías, los ritmos trepidantes y el colorido instrumental los hacen extraordinarios. 

Los conciertos de Brandenburgo son una colección de seis conciertos con audaces combinaciones de instrumentos. En el último movimiento del 5º concierto puede escucharse fácilmente el tema musical que van interpretando sucesivamente los tres instrumentos solistas: el violín, la flauta y el clave, para después tocarlo la pequeña orquesta o ripieno.

El cine ha popularizado muchos conciertos que forman parte de bandas sonoras de películas. Por ejemplo, el primer tiempo del original y exigente Concierto para mandolina en do mayor de Vivaldi se escucha en la película Kramer contra Kramer, y el adagio del Concierto para clarinete y orquesta en la mayor K. 622 de Mozart, nos traslada a la sabana africana, donde se desarrolla la película Memorias de África.

El típico concierto instrumental, para un solo instrumento y orquesta, generalmente consta de tres tiempos contrastados: un allegro (rápido), un adagio (lento) y un allegro (rápido). El primer tiempo suele consistir en tres solos, interpretados por el instrumento solista, separados por tutti de orquesta (cuando toca toda la orquesta). Antes de terminar el último solo un reposo anunciaba una cadenza o cadencia, en la que antiguamente el solista improvisaba demostrando su virtuosismo.

Los conciertos públicos, como espectáculos comerciales a cambio de una entrada, surgieron a finales del siglo XVIII. La admiración a los intérpretes atraía a los melómanos a las salas de concierto, facilitando la evolución técnica y expresiva de muchos instrumentos. Los compositores románticos escribieron brillantes conciertos de lucimiento para los solistas. El sorprendente compositor y violinista Niccolò Paganini (1782-1840), con su dominio casi sobrenatural del violín, contribuyó a la extraordinaria evolución de su técnica y a consolidar la figura del artista admirado y mitificado. Para Beethoven (1770-1827), el piano fue el instrumento ideal para expresarse y a su vez dio a conocer sus infinitas posibilidades en sus cinco conciertos para piano y orquesta. Liszt (1811-86) llevó el piano a su completo desarrollo y su influencia llegó hasta el siglo XX. 

Uno de los últimos grandes compositores posrománticos europeos y de los pianistas más influyentes del siglo XX fue Rachmaninoff (1873-1943). Su Concierto para piano n.2, op. 18 en do menor es una de sus piezas más celebradas y le supuso el reconocimiento como compositor. El Rach 3, su Concierto para piano n.º 3 en re menor, opus 30, tiene la reputación de ser uno de los conciertos más difíciles del repertorio pianístico.

Los concertistas más afamados, como las actuales estrellas del pop o del rock, hacían giras por todo el mundo y llenaban las salas de conciertos. El mismísimo Mozart (1756-91) desde su niñez era un instrumentista admirado por su capacidad prodigiosa para tocar instrumentos de teclado y el violín. Yehudi Menuhin (1916-99) a los diez años también era ya un violinista de fama mundial y es uno de los más grandes violinistas del siglo XX.

En la actualidad hay fenómenos similares como el del talentoso pianista chino Lang Lang, que ha conquistado a las multitudes y que es seguido por millones de personas de todo el mundo. Su magistral técnica pianística, su magnetismo y gran poder comunicador lo han convertido en uno de los artistas clásicos más famosos de todos los tiempos.

Antes de comenzar a escuchar esta música, os dejamos unas sencillas recomendaciones para disfrutarla al máximo: 

• Estad atentos a los distintos planos sonoros que se establecen en la obra musical; unos instrumentos aparecen en primer plano, llevando la melodía destacada, y otros están en un segundo plano, estableciendo un diálogo con los anteriores o haciendo de acompañamiento o apoyo musical.

• Intentad reconocer los instrumentos solistas y si la orquesta es grande o se trata de un grupo más reducido.

• Buscad y recordad los temas musicales que van surgiendo y reapareciendo. Las melodías de los temas principales, con sus variados motivos, se repiten, se adornan y se modifican sutilmente por lo que son fácilmente reconocibles.

A continuación, os ofrecemos una lista de música de Spotify con una selección de conciertos, y os recordamos que en la Biblioteca Central de la UNED contamos con una selecta colección de música, en la que podéis localizarlos y llevarlos en préstamo.

Cristina Fernández

Que no pare la música

Es frecuente encontrar personas que manifiestan cierta hostilidad a la música clásica que jamás se han sentado a escuchar un fragmento, ni han acudido a un concierto de este tipo de música. Otros afirman que les aburre o que les gusta mucho, pero que no entienden nada de ciertos estilos. Es comprensible el rechazo a obras musicales que se compusieron hace siglos por músicos tan diferentes a los actuales, que estaban al servicio de la Iglesia o de reyes y aristócratas.

Hoy en día se reclama música de fácil consumo y nos estamos olvidando de sonoridades y músicas en las que, entre otros aspectos, están nuestras raíces musicales. La sociedad moderna está perdiendo oído especialmente en países con poca tradición musical. La falta de educación en este arte también justifica muchas de estas actitudes, pero nada está perdido si nuestro objetivo es disfrutar de cualquier obra musical, porque esto está garantizado si nos preparamos para ello. 

Para apreciar a fondo la música no es necesario ser un entendido, basta con aproximarse a ella con el oído y la mente abiertos. Conocer la época en la que se compuso, quién es su autor o la forma musical que ha adoptado pueden ayudarnos a adquirir la predisposición adecuada. Una exposición previa y progresiva a fragmentos de la obra musical con la que nos vamos a encontrar sería la manera ideal de familiarizarnos con los nuevos sonidos y melodías.

La música depende de su forma para impactar en el público y la forma que adopta es fruto de una elección personal del compositor y de la influencia de la historia. Las formas de la música están en constante evolución, existen modas, instrumentos que quedan anticuados u otros que se retoman y continuamente surgen nuevas estructuras y sonidos. Los músicos crean melodías a las que dotan de acompañamientos, inspirándose en sonidos de la naturaleza o de la actividad humana. Los ritmos más emocionantes tienen su origen último en el latido del corazón, en el pulso y en gran variedad de actividades del cuerpo como caminar, la danza y otras expresiones corporales. Hay una perfecta asociación entre los ritmos musicales y los ritmos biológicos de nuestro cuerpo, que explica la irresistible necesidad de seguir con las manos o con los pies un ritmo que oímos, o la sensación que nos produce en el estómago la percusión.

La duración es un aspecto importante de las obras musicales. Si vamos a escuchar una ópera sabremos que, por su estructura compleja y forma dramática, puede durar horas. Una sinfonía, dependiendo de la época en que se haya escrito, nos llevará cerca de una hora y de una canción popular no esperamos una duración de más de algunos minutos.

El compositor Robert Schumann (1810-56) en su Álbum para la juventud, dedicado a los jóvenes músicos, recogió algunos interesantes consejos referidos a las audiciones musicales. Schumann anima a educar el oído escuchando las canciones que caracterizan a cada pueblo y a prestar especial atención a los grandes músicos sin tener prejuicios hacia los que todavía no son reconocidos. Al mismo tiempo desaconseja juzgar una obra por una sola audición y escuchar las melodías fáciles y monótonas que cansan pronto, como nos ocurre con las canciones del verano que nos llegan a hartar.

El famoso director de orquesta norteamericano Leonard Bernstein (1918-1990) también se preocupó de la divulgación musical. A través de su exitoso programa de televisión Concierto para jóvenes, en el que hacía de presentador, pianista y director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, logró convertir a una generación de estadounidenses oyentes ocasionales de música en melómanos apasionados. En la Biblioteca Central de la UNED tenéis a vuestra disposición el libro El maestro invita a un concierto: conciertos para jóvenes que recoge las lecciones magistrales que daba Bernstein en su programa y que revolucionaron la manera de aproximarse a la música.

Escuchar música en directo es la mejor manera de oír música. La experiencia en vivo, en una sala de conciertos o al aire libre, permite que todos nuestros sentidos se activen y se pongan al servicio de la música. La presencia de una orquesta o de un coro, el arrebato del sonido, la fascinación de la situación y el silencio del público, sitúan al oyente en un ambiente perfecto para escuchar música. Ni siquiera la más absoluta falta de interés puede eludir la tensión y la energía que transmite una orquesta en sus momentos más brillantes. Otras obras musicales más íntimas, ejecutadas por varios instrumentos o voces, son capaces de envolver al oyente en mágicas atmósferas musicales. Nuestro sistema nervioso se activa ante la experiencia musical en directo. La música se planta frente al oyente y el estímulo intelectual y sensorial que produce nos lleva a recorrer estados mentales diversos y a captar la música en su dimensión y estado más puro. La música de ayer y de hoy es una aventura llena de emoción y de gozo, un viaje de descubrimiento que hacemos durante toda nuestra vida y que merece la pena.

Por todas estas cuestiones, desde este blog vamos a ofreceros en sucesivas entradas unas pautas generales para afrontar diferentes obras musicales, también con la intención de animaros a conocer nuevas y sorprendentes composiciones, que nos han legado los grandes genios de la historia de la música.