Paseos y viajes musicales

La música es una excelente compañera de viaje, que entretiene en los trayectos y nos acompaña en las vacaciones. Los viajes solemos asociarlos con canciones y melodías que nos permiten recordar los momentos vividos.
Schopenhauer afirmaba que la música era la imagen directa del mundo, un lenguaje universal y privilegiado a través del cual se expresan las distintas manifestaciones de la realidad.
El poder descriptivo de la música se impuso en el Romanticismo a través de la música programática. Es algo parecido a poner una banda sonora a una imagen, idea o sentimiento que el compositor suele expresar en el título de la obra, o haciendo referencia a un poema o a un texto literario. La música pretende trascender y significar algo más que sonidos. La sugerencia imaginativa que nos trasmite es capaz de hacernos viajar a mundos reales e imaginarios.
En el siglo XIX los movimientos nacionalistas llevaron a muchos compositores a inspirarse en sus países para desarrollar sus ideas musicales. Así surgieron muchas obras que nos trasladan a los paisajes y pueblos de estos músicos, basándose en su folklore.
Los viajes de Felix Mendelssohn  por Europa le sugirieron algunas de sus obras más importantes: la Sinfonía nº 3 (la Italiana), la Sinfonía nº 4 (la Escocesa) y la obertura Las Hébridas. La italiana es un canto al sur soleado y vibrante y sugiere la algarabía en las calles. La tercera sinfonía evoca una Escocia gris y sombría, con el sonido agudo de las gaitas, y Las Hébridas, es el resultado de sus impresiones al visitar la mágica gruta de Fingal en el archipiélago escocés.
En la música de Edward Elgar (1857-1934) no se reconocen elementos de la tradición musical inglesa. Sin embargo, la semejanza entre la típica línea melódica del músico, con amplios saltos y tendencia a la caída, y la entonación del habla británica, pueden ser la explicación de que su música suene a inglesa. Su marcha Pompa y Circunstancia y las Variaciones Enigma son algunos de sus mayores éxitos, que nos recuerdan al aroma de una humeante taza de té y nos trasladan a la abadía de Westminster o al Palacio de Buckingham. Vaughan Williams (1872-1958) eligió un lenguaje musical más cercano y comprensible. Su música tiene el poder tanto de evocar la atmósfera y los sonidos de las ciudades (Sinfonía Londres) como de hacer referencia a la campiña inglesa (Sinfonía pastoral).
El gran compositor finlandés Jean Sibelius (1865-1957) escribió siete sinfonías inspirándose en el paisaje de lagos helados, glaciares y bosques de Escandinavia. Su lenguaje musical está impregnado del entorno natural que tanto condiciona la vida y el carácter de los pueblos nórdicos. El conocido poema sinfónico Finlandia refleja su talento descriptivo y sentido patriótico, durante la lucha del pueblo finés por la independencia de Rusia.
La música de Edvart Grieg (1843-1907) nos acerca a las montañas y nos anima a hacer un crucero por los fiordos noruegos. La suite Peer Gynt es una de sus piezas más relevantes e interpretadas. Adaptó muchos temas y canciones del folklore de su país, contribuyendo a crear una identidad nacional.
Con la Sinfonía alpina de Richard Strauss (1864-1949) nos vamos de excursión a los Alpes bávaros, descubriendo prados floridos, cascadas y valles. El compositor emplea toda la variedad cromática de la orquesta para transmitir las impresiones que le invaden en su ascenso hacia las montañas que le vieron nacer y morir.
En el siglo XIX, Viena era la capital del Imperio austrohúngaro y la corte más esplendorosa del mundo, donde se celebraban espectaculares fiestas y bailes. El conocido vals El Danubio Azul, compuesto por Johann Strauss hijo (1825-1899), invita a un paseo musical por la capital austriaca.
Los compositores checos Bedrich Smetana (1824-1884) y Antonín Dvorak (1841-1904) seleccionaron melodías y ritmos de danzas populares bohemias para su música programática. El célebre poema sinfónico Moldava, de Smetana, describe el discurrir del río Moldava desde su nacimiento hasta desembocar en el Elba, y su paso por bosques y pastizales hasta llegar a Praga.
Basta un solo compás de la música del genial Mussorgsky (1839-1881) para imaginar un paisaje ruso. En sus originales armonías incorporó melodías de canciones populares rusas, consiguiendo un efectismo y lirismo avasallador, que refleja el alma del pueblo ruso.
Continuamos nuestro viaje por el continente americano, visitando el impresionante Parque Nacional Gran Cañón, en el norte de Arizona. La Suite del Gran Cañón de Ferde Grofé (1857-1934) es capaz de transformar en música la grandiosidad del paisaje que excavó el río Colorado.
De la mano de la Rhapsody in Blue, de George Gershwin (1898-1937), el compositor norteamericano que fusionó la música clásica con el jazz, nos adentramos en el ritmo trepidante de las calles repletas de viandantes, tráfico y sirenas de Nueva York. La Obertura cubana, otra muestra del lenguaje renovador de Gershwin, que compuso tras pasar dos semanas en la Habana y quedar cautivado por sus ritmos, nos empapa del sabor caribeño de Cuba.
Isaac Albéniz (1860-1909) utilizó ritmos de danzas españolas en la suite para piano Iberia, que evoca lugares tan dispares como el barrio madrileño de Lavapiés o la ciudad de Almería. En las Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla (1876-1946), se describen lugares tan pintorescos como El Generalife de La Alhambra, con \»impresiones sinfónicas” para piano y orquesta, que traen a nuestra memoria el fluir del agua en las fuentes y el aroma de los siempre verdes arrayanes.
Aunque este viaje músical no tiene límites, con la Copenhague Steam Railway Galop del compositor danés Hans Christian Lumbye (1810-1909), que recrea los sonidos de un tren de vapor, llegamos a nuestra estación de destino con una maleta cargada de música para viajar.
Cristina Fernández

Nos vamos de concierto

Habitualmente nos referimos a un concierto como a cualquier interpretación musical en directo. Sin embargo, en un contexto musical más especializado se trata de una forma musical que ha ido evolucionando a lo largo de la historia, y que está concebida para el lucimiento de uno o más instrumentos solistas a los que acompaña un grupo orquestal.

El concierto nació en Italia y en su origen era una composición coral con acompañamiento preferentemente de órgano. Posteriormente, en el Barroco, surgió el concerto grosso (gran concierto en italiano), que establecía un diálogo contrastado entre un pequeño grupo de instrumentos solistas, denominado concertino, y otro más grande que constituía la masa orquestal restante, el ripieno (relleno). Este grupo principal solía estar formado por el clave y una orquesta de cuerda-frotada. En el concertino nunca faltaba el violín y podía haber flauta, violonchelo y otros instrumentos de la época como la tiorba o la mandolina.

El violinista y compositor Arcangelo Corelli (1653-1713) se hizo muy famoso en toda Europa por sus concerti grossi entre los que encontramos el Concierto de Navidad nº 8 op. 6. El Adagio es muy conocido porque forma parte de la banda sonora de la película Master and commander.

Antonio Vivaldi (1678-1741) desarrolló el Concierto a solo, en el que un instrumento, que solía ser el violín o la flauta, se oponía a la pequeña orquesta. Sus conciertos son un espectáculo de virtuosismo de un colorismo y sensualidad muy refinados.

En la época en que Vivaldi componía en Italia sus aclamados conciertos Las cuatro estaciones del año, en Alemania Johann Sebastian Bach (1685-1750) escribía los maravillosos Conciertos de Brandenburgo

Las Cuatro estaciones son conciertos para violín y orquesta que se publicaron junto con unos poemas que narran escenas inspiradas en la naturaleza, siendo uno de los ejemplos más tempranos de lo que después se llamaría música programática o descriptiva. La frescura de sus melodías, los ritmos trepidantes y el colorido instrumental los hacen extraordinarios. 

Los conciertos de Brandenburgo son una colección de seis conciertos con audaces combinaciones de instrumentos. En el último movimiento del 5º concierto puede escucharse fácilmente el tema musical que van interpretando sucesivamente los tres instrumentos solistas: el violín, la flauta y el clave, para después tocarlo la pequeña orquesta o ripieno.

El cine ha popularizado muchos conciertos que forman parte de bandas sonoras de películas. Por ejemplo, el primer tiempo del original y exigente Concierto para mandolina en do mayor de Vivaldi se escucha en la película Kramer contra Kramer, y el adagio del Concierto para clarinete y orquesta en la mayor K. 622 de Mozart, nos traslada a la sabana africana, donde se desarrolla la película Memorias de África.

El típico concierto instrumental, para un solo instrumento y orquesta, generalmente consta de tres tiempos contrastados: un allegro (rápido), un adagio (lento) y un allegro (rápido). El primer tiempo suele consistir en tres solos, interpretados por el instrumento solista, separados por tutti de orquesta (cuando toca toda la orquesta). Antes de terminar el último solo un reposo anunciaba una cadenza o cadencia, en la que antiguamente el solista improvisaba demostrando su virtuosismo.

Los conciertos públicos, como espectáculos comerciales a cambio de una entrada, surgieron a finales del siglo XVIII. La admiración a los intérpretes atraía a los melómanos a las salas de concierto, facilitando la evolución técnica y expresiva de muchos instrumentos. Los compositores románticos escribieron brillantes conciertos de lucimiento para los solistas. El sorprendente compositor y violinista Niccolò Paganini (1782-1840), con su dominio casi sobrenatural del violín, contribuyó a la extraordinaria evolución de su técnica y a consolidar la figura del artista admirado y mitificado. Para Beethoven (1770-1827), el piano fue el instrumento ideal para expresarse y a su vez dio a conocer sus infinitas posibilidades en sus cinco conciertos para piano y orquesta. Liszt (1811-86) llevó el piano a su completo desarrollo y su influencia llegó hasta el siglo XX. 

Uno de los últimos grandes compositores posrománticos europeos y de los pianistas más influyentes del siglo XX fue Rachmaninoff (1873-1943). Su Concierto para piano n.2, op. 18 en do menor es una de sus piezas más celebradas y le supuso el reconocimiento como compositor. El Rach 3, su Concierto para piano n.º 3 en re menor, opus 30, tiene la reputación de ser uno de los conciertos más difíciles del repertorio pianístico.

Los concertistas más afamados, como las actuales estrellas del pop o del rock, hacían giras por todo el mundo y llenaban las salas de conciertos. El mismísimo Mozart (1756-91) desde su niñez era un instrumentista admirado por su capacidad prodigiosa para tocar instrumentos de teclado y el violín. Yehudi Menuhin (1916-99) a los diez años también era ya un violinista de fama mundial y es uno de los más grandes violinistas del siglo XX.

En la actualidad hay fenómenos similares como el del talentoso pianista chino Lang Lang, que ha conquistado a las multitudes y que es seguido por millones de personas de todo el mundo. Su magistral técnica pianística, su magnetismo y gran poder comunicador lo han convertido en uno de los artistas clásicos más famosos de todos los tiempos.

Antes de comenzar a escuchar esta música, os dejamos unas sencillas recomendaciones para disfrutarla al máximo: 

• Estad atentos a los distintos planos sonoros que se establecen en la obra musical; unos instrumentos aparecen en primer plano, llevando la melodía destacada, y otros están en un segundo plano, estableciendo un diálogo con los anteriores o haciendo de acompañamiento o apoyo musical.

• Intentad reconocer los instrumentos solistas y si la orquesta es grande o se trata de un grupo más reducido.

• Buscad y recordad los temas musicales que van surgiendo y reapareciendo. Las melodías de los temas principales, con sus variados motivos, se repiten, se adornan y se modifican sutilmente por lo que son fácilmente reconocibles.

A continuación, os ofrecemos una lista de música de Spotify con una selección de conciertos, y os recordamos que en la Biblioteca Central de la UNED contamos con una selecta colección de música, en la que podéis localizarlos y llevarlos en préstamo.

Cristina Fernández

La lectura como musa

Publicado por Comisión de Actividades Culturales de la Biblioteca UNED

Nuestras lecturas nos sugieren imágenes que nos transportan a otros lugares, otros mundos u otras épocas; de alguna manera, por eso leemos. Como todos los años, la Biblioteca de la UNED organiza un concurso como actividad para celebrar el Día del Libro. En el de este año, queremos que dejéis volar vuestra creatividad y participéis con imágenes que os sugieran o hayan sugerido vuestras lecturas favoritas.

En este concurso pueden participar todos los miembros de la comunidad universitaria de la UNED (profesores, investigadores, estudiantes, personal de administración y servicios, así como los socios de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la UNED). El plazo de presentación será del 22 de marzo al 16 de abril de 2021, y el ganador se llevará un lote libros. Las ilustraciones podrán ser fotografías, dibujos, acuarelas, collage, etc., de creación propia. El tamaño, DIN A3; formato, archivo JPG.

La propuesta se enviará con el asunto “La lectura como musa” a bibliotecacultural@adm.uned.es, junto con los datos del participante (nombre y apellidos, dirección de correo electrónico, teléfono y vinculación con la UNED) y el título de la ilustración y de la lectura que la ha inspirado.

La Biblioteca de la UNED convoca un concurso para celebrar el Día del Libro. Podéis participar enviando una imagen de vuestras lectura favorita: fotografías, dibujos, acuarelas, collages… El ganador recibirá como premio un lote de libros.

Plazo de presentación: hasta el 16 de abril.

La resolución del jurado y el anuncio de la imagen premiada tendrán lugar el 22 de abril de 2021 en las redes sociales de la Biblioteca de la UNED. El jurado nombrado al efecto valorará la originalidad, novedad y creatividad de las ilustraciones presentadas y premiará una de ellas

El jurado estará formado por los siguientes miembros:

  • Fernando Reviriego (profesor de la Facultad de Derecho de la UNED)
  • Amparo Serrano de Haro (profesora de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED)
  • María Cruz Martín (Biblioteca de la UNED)
  • José Antonio Vargas (Biblioteca de la UNED)

La entrega del premio tendrá lugar el 23 de abril de 2021 coincidiendo con el acto de homenaje a Carmen Laforet, organizado para conmemorar el Día del Libro 2021.

Compromisos de los participantes

Los participantes cederán gratuitamente a la Biblioteca de la UNED los derechos de reproducción y difusión pública de la obra y cualesquiera otros derechos necesarios para la comercialización total o parcial de la misma en cualquier soporte, para todo el mundo y por el periodo máximo que permita la legislación.

Los participantes asumirán total responsabilidad, dejando por tanto a la Biblioteca de la UNED indemne frente a cualquier reclamación de terceros relativa a cualquier compromiso y/o gravamen que el autor hubiere contraído y que pudiera afectar a los derechos que correspondan a la UNED de conformidad con lo estipulado en las presentes bases.

Los datos personales recabados se tratarán conforme a lo establecido en la LOPD (Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales

Foto de Clay Banks en Unsplash

El silencio de Carmen Laforet. 100 años de su nacimiento.

Encuentro virtual. Día del Libro: 23 de abril, 12h.

Por Brígida M. Pastor

Una de las conmemoraciones más importantes del 2021 en el mundo panhispánico es el centenario del nacimiento de la escritora Carmen Laforet (Barcelona, 6 de septiembre de 1921-Madrid, 28 de febrero de 2004.

Con su primera novela, Nada, Laforet fue la ganadora de la primera edición del prestigioso Premio Nadal en 1945, con tan solo 23 años, estableciendo un récord juvenil al ser galardonada con este premio en un ambiente dominado por escritores varones y que restringía la presencia del talento de las mujeres. El destino de la escritora se presentaría como un trayecto de retos, frustraciones y silencios. A partir de entonces, “nada” volvería a ser lo mismo. A Nada le seguiría su segunda novela, La isla y los demonios (1952) y tres años más tarde, La mujer nueva en 1955—Premio Nacional de Literatura. Este libro fue el preludio de “la fuga” que la escritora emprendería en la vida real, pero fue con su novela La insolación (1962) y Al volver la esquina (2004)—escrita esta última en los años sesenta y reelaborada hasta su muerte, que culminaría su denuncia del oscurantismo de la época. Tras su ruptura conyugal, sólo escribiría trabajos breves hasta su muerte en 2004, a la edad de 82 años, mereciendo un puesto destacado como cuentista entre los escritores de la generación del medio siglo.

La Biblioteca y Actividades Culturales de la UNED quieren rendir un homenaje a esta escritora con un encuentro virtual. El día 23 a las 12 h., coincidiendo con la celebración del día del Libro, podréis seguirlo en CanalUNED

En sus cinco novelas largas, Carmen Laforet intentó firmemente encontrar nuevas narrativas para encuadrar asimismo un mensaje feminista. Como ejemplo excepcional de escritura femenina de la posguerra inmediata, llegó a formar parte del canon universal de la literatura española del siglo XX. Se convirtió en un eslabón clave en la genealogía integrada por escritoras que enfrentaron las limitaciones impuestas por el patriarcado. Partícipe de una larga tradición que recuerda a escritoras como Santa Teresa de Jesús, Fernán Caballero, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Emilia Pardo Bazán, o Rosa Chacel, se edificó en modelo a seguir para escritoras posteriores.

Triste y desanimada, ella misma se calificó con una palabra: grafofobia, sustentada por el “desánimo o la esquizofrenia, o lo que sea”, como escribiría en una misiva a sus amigos, Paco Rabal y Asunción Balaguer. Los silencios y misterio que definen su vida y la extensa correspondencia de la autora a su amigo y confidente Ramón J. Sender, y a otros amigos con los que la escritora se sinceró, descubren la intensidad dramática de esta enigmática escritora, sus esperanzas, su rebeldía, su ferviente deseo de libertad, así como su constante escapismo y búsqueda infructuosa de anhelos profundos o su frustración ante sus novelas inacabadas. Laforet era exigente con lo que escribía y el papel de creadora y de mujer la colocaban en una situación de constante debate existencial.

Triste y desanimada , ella misma se calificó con una palabra: grafofobia, sustentada por el «desánimo o la esquizofrenia, o lo que sea», como escribiría en una misiva a sus a sus amigos, Paco Rabal y Asunción Balaguer.

A partir de Nada, escribir supondría un desafío doloroso para la escritora, invadida por las presiones editoriales, la maternidad (madre de cinco hijos) y su espíritu libre. En definitiva, Laforet se sentía atrapada en el conflicto que experimentaba como mujer y escritora. Su necesidad de escribir y la soledad frente al papel en blanco, su constante batalla con la escritura y el reto que vincula su separación matrimonial con su etapa ágrafa definen la experiencia vital y literaria de la autora de Nada, calificativo por el que se la definiría hasta el final de sus días. Carmen Laforet dejó un legado imperecedero para las letras universales y se erige como una de las figuras más excepcionales, y enigmáticas a la vez, de la literatura contemporánea española.

La Biblioteca y Actividades Culturales de la UNED quieren rendir un homenaje a esta escritora con un encuentro virtual. El día 23 a las 12 h., coincidiendo con la celebración del día del Libro, podréis seguirlo en el siguiente enlace:  https://canal.uned.es/live/event/601bc64eb60923598754d028. Contaremos con la participación de Agustín Cerezales, su hijo, así como de expertos y amantes de la obra de Carmen Laforet.